Monumentos (in)necesarios en la CDMX

Humor

Si ya existen la Estela de Luz y la Torre Insignia, verdaderos misterios sin resolver para los simples mortales, ¿por qué no construir monumentos que sean un merecido homenaje a la vida cotidiana en la ciudad?

 

El Palazuelos de Bronce

Esta estatua sería un regalo de los mirreyes acapulqueños a la Ciudad de México. El modelo estaría parado sobre un yate, con la camisa abierta, y tendría una cuba en la mano.

 

El cajón seguro

Se trata de una cubeta gigante rellena de cemento. Dicen que si dejas monedas, exvotos o guajolotas al pie del monumento, nunca te faltará un lugar para estacionarte.

 

Devotos de los tacos

El mejor punto de peregrinación para el after sería el Gran Trompo de Pastor de Oro. Se ubicará, claro está, a tan solo unos pasos de la legendaria Plaza Meave. ¡Prepárate, Garibaldi!

 

Corazones franeleros

Claro que los limpiaparabrisas se merecen su propio monumento. Si todos tuviéramos su voluntad para imponerse cada que alguien les dice “no, gracias”, México sería otra cosa.

El bache conceptual

Toda la calzada Ignacio Zaragoza debería ser reinaugurada como una verdadera obra de arte conceptual. Sin duda, se trataría de un ambicioso homenaje al bache capitalino.

 

El tupper de la victoria

Ojalá alguien se anime a construir este punto de reunión para los godínez. Aquí nadie los juzgará por participar en la tanda, ir en grupo al karaoke o amar la comida recalentada.

 

El vendedor desconocido

Ese hombre que se sube al Metro con sus bocinotas, aquel distribuidor de películas piratas y los jóvenes “emprendedores” de los cupcakes merecen un serio reconocimiento.

 

Homenaje doble

Las ratas abundan en exceso por las calles de la CDMX, tanto en las alcantarillas como en el transporte público. Más que un homenaje, es un recordatorio de su presencia.