“Abrazar el D.F.”, por @PPmerino

Tengo como certeza el haber nacido tres veces en el Distrito Federal. La primera vez, cuando salí del vientre de mi madre en la que solía ser la calle Pino, en Santa María la Ribera (hoy Doctor Atl). La segunda vez, cuando después de haber vivido infancia y adolescencia como chilango en el exilio, decidí mudarme a los 19 años, estudiar aquí la universidad, y descubrirme por primera vez en un lugar en el que no era “el raro”. Me volví yo desmesuradamente. Finalmente, en 2005 y después de cuatro años viviendo en Nueva York, regresé al DF importando a K, quien hoy es mi esposo, y ambos con una sola certeza: de aquí no nos movería ni dios padre. Nací, ahora sí, para el resto de mi vida. Nos mudamos, ¡ay los círculos que uno camina!, a la calle Doctor Atl, en Santa María la Ribera.

Al día siguiente de haber llegado, yo debía ir a cumplir mi papel de funcionario público (un papel brevísimo), dejé a K un mapa y varios boletos del metro. “Anda a ver la ciudad”, le dije. No sabía que el mandato terminaría en un gringo enamorado de los lugares que un chilango promedio como yo nunca ve. Lo primero que K vio en el mapa fue un dibujo de espirales (El Caracol, Texcoco) en el que al lado se anunciaba “Ciudad Azteca”. Puedo imaginar perfectamente la curiosidad que esa combinación puede despertar en un extranjero. Hacía allá se fue. Regresó alucinado, relatándome un mundo anárquico, chato y sonriente.

K se obsesionó con “las colonias”; pensaba que prometían un universo de dinámicas, experiencias, relaciones, historias, rutinas… en fin, el contacto inmediato con una ciudad que uno nunca podría abrazar plenamente. Su obsesión derivó en un portal: eldefe.com; y un mapa de colonias que artesanalmente dibujó sobre Google Maps por días enteros. K terminó por ser el chilango más amante de esta ciudad que conozco. Yo, en cambio, sentía a la ciudad como mía por derecho, apropiación y elección; y me obsesionaba más bien en abarcarla, abrazarla y apretujarla con datos (de ahí el nombre de este espacio).

Al final K y yo hemos reconciliado nuestras obsesiones. Él sigue explorando colonias; yo sigo explorando datos; y en el encuentro formamos una imagen  de nuestra ciudad-monstruo que ambos podemos entender, ponderar y apapachar.

Un monstruo de 8.8 millones de personas distribuidas en 1,812 colonias. Desde los ocho en Paraíso Santa Catarina; Tláhuac, hasta los más de 30 mil en Lomas de San Lorenzo II, Iztapalapa (la colonia más poblada del DF gracias a que ahí se encuentra el Reclusorio Oriente). Colonias en las que el 92% de las casas tienen Internet, como Jardines en la Montaña (Tlalpan), o apenas 2.5%, como la colonia Solidaridad (también en Tlalpan). Colonias en las que el 98% de las viviendas tienen auto particular, como la Manuel Ávila Camacho (en Miguel Hidalgo), o menos del 12%, como en la sección VII del Centro (Cuauhtémoc).

Este espacio estará dedicado a mi obsesión, a dibujar nuestro monstruo con datos. Con suerte, algo de la sabia obsesión de K se cuela por aquí.

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 (José Merino)