Al fin son como de la familia

Como si los sentaras sobre un hormiguero. Por periodos prolongados. Sin permitir que se sacudan las partes nobles y agredidas. Así siguen reaccionando muchas personas cuando osas hablar de los derechos laborales de las trabajadoras (y trabajadores, aunque son mayoritariamente mujeres) del hogar.

¿De qué estás hablando, Willis?

En esta ocasión, y por la época del año, del aguinaldo. Sí, a estas alturas del convivio decembrino, ya arrancado el maratón Guadalupe-Reyes y todas esas joyas que nos inventamos para cerrar y abrir ciclos, a estas alturas del año, pues, usted, lector y lectora querido, si acaso tienen a una trabajadora del hogar, ya le debieron de haber pagado su aguinaldo. Mínimo una quincena de sueldo que no debe ser sustituido por una bonita despensa con las cosas que le sobraron en la alacena, ni el suéter todavía en buen estado que lleva colgado en su clóset desde la prehistoria de los gustos. No, no estamos hablando de dádivas. Cuando decimos aguinaldo nos referimos al pago que equivalga mínimo a una quincena de sueldo. #AsíLasCosas

Dicho esto, comienza la revolcadera sobre el hormiguero imaginario. Si yo la trato muy bien, es como de la familia, le regalo muchas cosas, siempre se lleva la ropa que nos sobra, nunca le escondo la comida, hasta se sienta a la mesa con nosotros. Pero eso del aguinaldo, ¿ya es mucho, no? Si a mí tampoco me dan aguinaldo, trabajo por honorarios, no tengo contrato, apenas y me alcanza. Y luego algunas son muy abusivas y se roban cosas de la cocina o hasta joyas. No, si yo te contara.

Si yo te contara.

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Dices lo que dices, y se activa una automática retahíla de justificaciones para terminar exclamando que no, nel, eso no camina. Lo del aguinaldo ya es mucho, o no es para tanto.

Los tiempos que corren siguen siendo reacios a reconocer los derechos de todos. No nos hagamos. Pero también están quienes no permiten que se nos olviden los pendientes: son varios los colectivos que vienen trabajando en la defensa de los derechos laborales de las trabajadoras del hogar (con liderazgos muy destacados como el de Marcelina Bautista). Y sin menospreciar las necesarias transformaciones en la calidad del trabajo de muchas otras profesiones en México, no podemos negar que la manera en que lidiamos con quienes trabajan y se encargan de nuestros hogares refleja también nuestros esquemas de discriminación y de invisibilización de quienes necesitamos… pero nos incomodan. La esclavitud moderna le han llamado en otros países. Ya toca que nos miremos en el espejo del nuestro, ¿no?

Así que, aunque usted “las trate como de la familia”, pase a darles su aguinaldo antes del 20 de diciembre. Para que también ellas puedan comer… en familia.

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Escribo, hago radio, doy clases, odio el chocolate, le voy a los Pumas y todavía quiero seguir en México.