Alcoholímetro, ley de convivencia y versiones piratas

Una de las primeras noticias que leí cuando llegué a vivir a Guadalajara fue que el gobierno de Jalisco implementaría algo muy chilango: el alcoholímetro. Este fin de semana comenzó y, como ocurrió en el DF, los tapatíos creyeron haber encontrado la solución jurídica para evitar el arresto: un amparo. Los bebedores están muy enojados, los taxistas se aprovechan de la irresponsabilidad humana y algunos periodistas creen que esta medida es muy fascista. Les digo a algunos amigos que manejar ebrio es como traer una pistola en la mano, les digo que los accidentes automovilísticos en DF bajaron hasta en un 80%, pero ya no sé qué decirles cuando alegan que acá las autoridades de Jalisco traen un desmadre y que lo único que les importa es la otra cara del alcoholímetro: las multas de nueve mil pesos. Tampoco he sabido qué responderles cuando tocamos el tema de la ley de convivencia. Como la mayoría, yo caí en la trampa. Les cuento rápido: el PRD propuso, con cuidada redacción, que las parejas del mismo sexo tuviera iguales derechos que los heterosexuales, e incluso se contemplaban las adopciones. El propio gobierno cabildeó con quien debía cabildear: la iglesia, y ésta pegó el grito en el cielo. Movimiento Ciudadano, el partido progresista de Jalisco, también se opuso (su relación con el PAN le está haciendo mucho daño). Después de la escaramuza legislativa, la ley se aprobó. En medios chilangos, incluso, se dijo que Jalisco estaba a la vanguardia. Y no. La ley sólo servirá para oficializar la posibilidad de realizar una unión mediante un contrato firmado por un notario público y no, no se puede adoptar. En otras palabras: la ley de convivencia que aprobaron en Jalisco es una versión chafísima de la que tenemos en el DF. Es como haber ido a comprar un reloj clonado al tianguis. Otros chilanguismos que han llegado a Jalisco los trajo el gobierno: la pensión a adultos mayores, el apoyo mensual a madres de familia solas, transporte gratis para que los estudiantes no dejen de estudiar y todos esos programas sociales que a la gente debería decirles que López Obrador y Marcelo nunca estuvieron equivocados en implementarlos. Si Jalisco quiere ser progresista, sus políticos deberían primero aceptar que la ley de convivencia más bien es de conveniencia, y que han tenido que recurrir a la política social de la izquierda chilanga, porque a ellos poco se les ha ocurrido. Hace unos días escuché que en el Instituto de la Mujer de Jalisco las cosas están cambiando. Hoy han dejado de persuadir a las mujeres para que no aborten y acepten la violación. Sería bueno que el gobierno pusiera sobre la mesa el derecho que tiene la jalisciense a interrumpir su embarazo, de todos modos muchas de ellas viajan al DF para hacerlo. Jalisco podría competirle al DF, sólo se necesita erradicar la doble moral.

(ALEJANDRO ALMAZÁN / @alexxxalmazan)

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Ganó el Premio Gabriel García Márquez en 2013. Es tres veces Premio Nacional de Periodismo en Crónica. Autor de "Gumaro de Dios, el caníbal"; "Placa 36", "Entre perros", "El más buscado" y "Chicas Kaláshnikov y otras crónicas".