Trumpadas

Me temo que Enrique Peña Nieto será para los integrantes de las generaciones que hemos debido padecer su presidencia el equivalente de lo que fue Luis Echeverría para quienes sufrieron su mandato en los años setenta: el epítome de la tontería personal y política, una caricatura encarnada. O quizá acabará, al final, por ser algo peor. A la crisis económica incontenible durante su periodo de gobierno, a la inagotable violencia organizada (estatal y criminal) que sacude al país, a las continuas revelaciones escandalosas sobre maniobras cuestionables suyas y de su entorno, a su anecdotario de pifias, hay que sumarle la humillación que sentimos millones de mexicanos la semana pasada, cuando el Presidente recibió en Los Pinos a Donald Trump, el candidato republicano a la Casa Blanca y enemigo confeso de este país y sus habitantes.

Porque Peña Nieto no solamente lo recibió sino que, con su torpeza verbal característica y un apocamiento evidente ante el ultraderechista estadounidense, apenas si atinó a darle un espaldarazo a su campaña, basada en la criminalización y el desprecio de los migrantes mexicanos y latinoamericanos en EUA. Al soportar que Trump nos escupiera su discurso discriminador en la cara y en la mismísima residencia oficial del poder ejecutivo, al acompañarlo como un monaguillo en una improvisada rueda de prensa dominada a su gusto por el invitado, Peña Nieto cruzó una de las pocas rayas que le quedaban en su caída en la estima popular: la de rebajarse públicamente ante un político extranjero como no ha hecho nadie en este país en decenios (ni siquiera los que fueron más entreguistas en privado). Que no nos vengan con que se trató de un acto de diplomacia. Trump no es, aún, ninguna clase de representante oficial de su país. Es un mero candidato y, a la vez, no es cualquier candidato, sino uno que ha propuesto obligarnos a construir un muro en la frontera para que no podamos cruzar a su país. Uno que llamó a los mexicanos aprovechados, ladrones y violadores.

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE ANTONIO ORTUÑO: LA PEOR NOTICIA

Estados Unidos es nuestro principal socio comercial desde hace años, y, en especial desde que entró en vigor el TLC, su influencia política, cultural y económica en nuestro país ha crecido sobremanera. Eso lo sabemos. Y sabemos que son tiempos de globalización, sí. Pero eso no borra ni la historia de sangre y derrota que nos une al vecino, ni la tensión permanente en la que nuestros migrantes y sus hijos viven allá. Hay sectores muy poderosos en EUA para los que los mexicanos somos, literalmente, una raza inferior y un pueblo dominado al que no hay que dar explicaciones y mucho menos conceder alguna dignidad. Al rebajarse a “discutir” una agenda inaceptable como la de Trump, al ofrecerse por obra u omisión como banquito para su campaña, Peña Nieto nos ha ofendido como nación y ha cometido probablemente el peor de sus errores políticos, el que terminará por marcarlo, en adelante, como el peor presidente que hemos padecido en un país con tradición en tenerlos pésimos.