Huir a gatas

La voz de Carmen Aristegui que anunciaba ayer su regreso con el noticiero matutino desapareció por un lapso, justo a las 8:30 am, cuando un tuit de @Milenio.com irrumpió en mi celular. “Mueren 5 personas en Tiroteo en Playa del Carmen”, se titulaba. Le di play e inició la reproducción de la escena procedente del Caribe mexicano: vi a algunos a que huían del bar Blue Parrot entre alaridos, y a otros clientes que se escondían bajo las mesas, gritaban e intercambian lamentos bajo la potentísima música, aún incesante pese a que a unos pasos acechaba el drama del tiroteo y la muerte.

En medio del desconcierto, del ruido desesperado de esa secuencia filtrada por luces neón, solo eran perceptibles las palabras de dos personas. La de una mujer llena de miedo que exclamó “¡un muerto!” y la de un hombre que le respondió con una orden categórica, precisa, urgente: “¡Métete al baño gateando!”.

El video grabado en el festival de música electrónica BPM concluyó y me quedé pensando en esas ocho letras: “gateando”. Una mujer debía salvar su vida arrastrándose como un animal aterrorizado, reptando para escapar del depredador.

Estos años, nuestro depredador ha sido una delincuencia que el gobierno no quiere y/o no puede desaparecer. Si se niega a hacerlo es porque ese gobierno camaleónico unas veces es la delincuencia misma (¿entonces por qué se daría un tiro en la frente?) y otras veces es un cachorro inofensivo que perece masticado por el crimen organizado, monstruo al que alimentó hasta verlo grande como Godzilla y al que hoy por su dimensión no sabe aniquilar.

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Pasan los años y la mancuerna delincuencia-gobierno nos quiere en idéntica posición que la de esa mujer que sobre el piso del antro se escabullía para eludir el fuego y conservar la vida. Nos quieren gateando, con pánico, ya sea para saquearnos y volver nuestras vidas miserables y esplendorosas las suyas, ya sea para arrebatarnos la vida. A gatas les convenimos: con manos y pies sobre el piso no hay modo de defendernos, mirar de igual a igual, combatir. Con suerte, podremos huir: nuestro problema es que si el verdugo nos descubre desde arriba y nos encontramos a gatas, estaremos a su merced. Y claro, preparémonos para lo peor.

En mi celular el video del Blue Parrot concluyó y volví a oír a Aristegui: su afilada y testaruda voz que desde hace años, en la forma de la investigación que sea, encabeza el clamor de una sociedad que ya no quiere vivir a gatas, ni escapar gateando.

Su hablar ligero, discreto, desde su candidez fonética y con el músculo de sus periodistas se ha vuelto un estruendo: justicia.

Ayer, ella volvió al aire con su pequeña empresa, hace poco allanada y robada, la misma con la que ha agarrado del cogote a los poderosos cuyas tripas ayer debieron retorcerse otra vez.

En México aún puede haber buenas noticias: recuperó la voz la mujer que se niega a que los mexicanos sigamos huyendo a gatas.

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En sus inicios fue reportero en "Reforma" y otros diarios, después escribió en revistas: "Chilango", "Esquire" y "Newsweek en español", donde hoy hace periodismo narrativo. Ha sido profesor universitario y conductor de televisión. Premio Nacional de Periodismo 2007.