“Bitácora de Viaje”, por @zolliker

Es el año 3,103 del tercer ciclo Regino en nuestra expedición intergaláctica para buscar nuevas fuentes de energía. Después de viajar por varios años, podemos reportar con no poca emoción, el haber encontrado vestigios de una civilización en la galaxia X-A-V del cuadrante I, en el tercer planeta de su núcleo estelar.

Por facilidad de maniobra, hemos aterrizado y descendido en las coordenadas 19°26’ N 99°8’ W, en un territorio que hemos aprendido —gracias a las exhaustivas investigaciones del equipo de arqueólogos que acompaña nuestra misión y que afortunadamente no han sido alcanzado por el recorte presupuestal— llevaba la denominación de “D.F.” o “Ciudad de México”.

Sobre las letras “D.F.”, nuestros criptógrafos aún están buscando descifrar si se trata de un acrónimo que representen un lema de guerra como solían utilizarlo las antiguas civilizaciones de nuestra propia galaxia, pero un servidor se inclina a creer que pudieran devenir de “Diagénesis Forza”, pues mis propias investigaciones de viejos manuscritos de exploradores interestelares, me llevan a creer que en este sitio se descubrió un tipo de fuerza fósil muy poderosa, que pudiera haber sido demasiado compleja para la primitiva tecnología que tenían y que pudo haber causado la destrucción de la vida local.

Sustento lo anterior en el hallazgo de diversas maquinarias de extrañas formas que parecen ser vehículos o naves de transportación personal, de tecnología arcaica según nuestros estándares, autopropulsados gracias a la explosión interna controlada de un raro combustible fósil, muy poco eficiente, altamente contaminante y de poca capacidad.

Comprendo que quien lea mi informe hasta este punto, encuentre poca o nula expectativa sobre el descubrimiento de nuevas energías, sin embargo, a continuación, redactaré un hallazgo que nuevamente me ha llenado de esperanza:

Ayer, el equipo de avanzada logró penetrar en una singular fortaleza, en cuyo interior encontramos una cuantiosa suma de pantallas anacrónicas que nuestros expertos en tecnología lograron hacer funcionar, no sin algo de ingenio. Pudimos entonces constatar que en ese sitio, se almacenaba una gran cantidad de imágenes en secuencia que representan escenas en movimiento (los aborígenes, parece que le denominaban “video”, del yo-veo) de esos vehículos o naves personales andando, una tras otra, y ahí es cuando alcancé a vislumbrar esa rara energía de la que reporto y que me llena de ilusión.

A punto estaba de caer en la absoluta desesperanza, cuando me percaté que por la parte trasera, los mentados vehículos personales encendían una pequeña luz intermitente que parece que activan en el vehículo lateral posterior, una feroz velocidad y fuerza de atracción hacia el vehículo lateral delantero, al grado en que minimizan el espacio entre ellos —inmediatamente— con absoluta precisión y perfección. ¡Que gran idea, salve oh, científicos! ¡Una luz que atrae a los vehículos entre sí! Si se activa en el extremo izquierdo, las naves de la izquierda se juntan entre sí. Si se activa en el extremo derecho, las naves de la derecha se juntan entre sí. Siempre. Sin falla. ¿Qué puede ser más eficiente que una luz? ¡Imaginen utilizar esta tecnología —con nuestros avances tecnológicos superiores— para mover planetas enteros! ¡Balancear las galaxias! ¡Huir de la contracción del universo! ¡Bendita suerte la nuestra!

Perdonen mi entusiasmo. Ya estamos estudiando uno de estos vehículos en nuestro laboratorio, pero aún no hemos logrado activar ese pequeño interruptor para disertar el funcionamiento de tal fuerza (me imagino que será algo complejo utilizar el haz de luz como camino de fuerza), pero tan pronto como lo hagamos, continuaré reportando, pues puede esto tratarse, del mayor descubrimiento de nuestra era.

Atentamente, 

Capitán Quirc 

Quinta Legión de Cacaman

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(J. S. ZOLLIKER / @zolliker)