Carta desde el Zócalo

A quien corresponda:

 Ahora que miro cómo está blindado el Zócalo me pregunto en qué estaban pensando cuando ordenaron esto. ¿Le tienen miedo a los maestros porque los traicionaron? ¿Es una estrategia para impedir las marchas en contra de la privatización del petróleo? ¿Creen que los chilangos somos tan miserables para ir y robarnos las toneladas de víveres que han salido de los bolsillos de la gente buena? ¿Quieren decirnos “¡Policías sí, pueblo no!”?

Déjenme explicarles algo que ustedes no entienden: el Zócalo es el ombligo de las arengas y nos pertenece a todos. Si sus cerebros aún están en facultades, deben acordarse de que en el Zócalo se han denunciado los fraudes electorales que hicieron gente terrible como ustedes. Aquí han venido a gritarles campesinos, obreros, profesionistas, niños, mujeres, estudiantes, ancianos, asociaciones civiles y todo aquel al que siempre han desdeñado. Aquí los han denunciado por rateros, negligentes, corruptos, vendepatrias, mafiosos, traidores, cínicos, por hijos de la chingada. Es decir: si la vida fuera justa, los que menos deberían estar en el Zócalo son ustedes.

Si se lo merecieran, no hubieran tenido necesidad de traer acarreados para el grito del 15 de septiembre. Si se lo merecieran, sus encuestas internas no le dirían que ustedes son un lastre. Si se lo merecieran, no tendrían por qué preocuparse de los maestros ni de los manifestantes que no queremos que reformen artículos constitucionales para que ustedes hagan negocio con el petróleo. Si se lo merecieran, dejarían el Zócalo en paz y se pondrían a trabajar por la gente. Si se lo merecieran, todos esos millones de pesos que desembolsan a la prensa para que les laman la entrepierna hoy podrían serles útiles a los damnificados.

Por fortuna no todos son como ustedes. En los últimos días, por ejemplo, algo está pasando en mi ciudad. Hay chilangos que están haciendo lo que ustedes no quieren ni pueden: voltear a ver al prójimo y ayudarlo hoy que el diluvio los zamarreó. Hay otros que están saliendo a las calles porque rechazan las reformas hacendaria y energética y le piden que sean hombrecitos y gobiernen con austeridad. Unos están escribiendo en las redes sociales que ustedes no tienen palabra ni principios. Están diciendo que ustedes prefirieron estar de fiesta en vez de avisarle a la gente que Manuel e Ingrid serían devastadores. Están hablando de todo aquel que, como ustedes, ha hecho negocio con nuestra tierra y le ha importado un carajo la seguridad del ciudadano (léase Punta Diamante). Están impacientes por un paro nacional. Están atentos a una nueva de sus canalladas. Están desanimados de que les preocupe más cuántas calorías han consumido al día que gobernar una ciudad. Están preocupados porque el narco camina en nuestros barrios y la policía los protege. Están molestos de que haya más recursos para sus dizque giras de trabajo que en el fondo para desastres.

Están, estamos, ansiosos de ir al Zócalo y ponerle un alto a sus desmesuras. Entonces confirmarán que no los necesitamos, que ya estamos hartos de ustedes y su podrido poder.

(ALEJANDRO ALMAZÁN / @alexxxalmazan)

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Ganó el Premio Gabriel García Márquez en 2013. Es tres veces Premio Nacional de Periodismo en Crónica. Autor de "Gumaro de Dios, el caníbal"; "Placa 36", "Entre perros", "El más buscado" y "Chicas Kaláshnikov y otras crónicas".