Ciudad de necios | Primer mundo

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Somos tan necios que queremos entrar a fuerzas al primer mundo.

¿Es infortunio o estupidez? Un conductor con mucha iniciativa se sienta al volante de un autobús del primer mundo. De un mundo que no es el nuestro. Es un autobús con facha de fino, no es cualquier camión, es uno que simboliza el triunfo de la vanidad para el gobierno que lo presumió como novedoso. Es un Metrobús de dos pisos, como el de Londres, que correrá sobre Paseo de la Reforma y cuya tarifa será más alta que el resto de las líneas, porque la vanidad de este gobierno considera que los que usan el transporte público de Indios Verdes hacia Paseo de la Reforma son pudientes y pueden gastar lo que sea en un viaje con tal de sentirse en el primer mundo.

Para que este autobús pueda circular como el dios del primer mundo manda, deben realizarse una serie de diversas pruebas de recorrido (esas pruebas involucraron a nuestro conductor de Metrobús con mucha iniciativa).

No ha sido fácil dar a luz este proyecto. El parto de la Línea 7 se ha venido complicando. Las contracciones se hicieron sentir desde que un juez suspendió la obra porque particulares (muy particulares) acusaron que con su construcción se ponía en riesgo el medio ambiente y el patrimonio histórico de Reforma. Era una amenaza de aborto. El gobierno chilango no podía permitirse semejante infortunio, semejante ridículo. El dios del primer mundo no podía hacerle esto al gobierno chilangolondinense.

Y el milagro sucedió: “la andanada política y judicial contra el gobierno” de la ciudad fracasó y el juez que había suspendido el parto se convirtió en la partera de la Línea 7. Siete de la buena suerte. Siete de la fortuna (todo se compuso hasta que apareció el conductor con mucha iniciativa).

Los autobuses nuevos de doble piso presumen el uso de un diesel más chingón y menos contaminante que el que pagan los nacos de otros gobiernos. No son eléctricos porque aún no estamos preparados para ser más chingones que el primer mundo.

De hecho, nuestro Metrobús de arriba mide 1.70 m, no más, para que nadie vaya parado y para que los altos no suban o suban jorobados. Así es en el primer mundo y se chingan (sí, todo iba de primer mundo hasta que llegó nuestro conductor estrella que no sé de qué primer mundo lo sacaron).

Las pruebas del Metrobús chilangolondinense estaban previstas para hacerse en el trazo vial de la Línea 7, siete de la buena suerte. Pero hemos dicho que nuestro conductor de otro primer mundo tenía mucha iniciativa y decidió, por su tanates, llevarse el Metrobús nuevo por el trazo vial de la Línea 6. No sé qué signifique el seis, pero seguro mala suerte para el Metrobús. El conductor llegó a la estación La Villa y, ante los ojos de la Morenita del Tepeyac, estrelló el segundo piso con el techo de la estación. El parabrisas cayó. Las risas burlonas se multiplicaron. El chofer quiso acelerar, pero las leyes de la Física son implacables e inquebrantables y el autobús no pasó (y no pasó por más que aceleró nuestro conductor sacado de otro primer mundo). Tuvo que retroceder. El ridículo ya estaba hecho y el daño se hizo sentir, ¿o era al revés? Qué bueno que los altos nunca subiremos al segundo piso del primer mundo. ¿Infortunio o estupidez?

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Artículo anteriorCrucigrama 8 de Agosto 2017
Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.