‘Colombianizarse en serio’, por Guadalupe Nettel

Viajar a otras ciudades permite leer de otra forma la nuestra. El fin de semana pasado conocí Medellín donde aún tiene lugar el Festival de la cultura y el libro. No era la primera vez que viajaba a Colombia. He estado en Bogotá cuatro veces y también en Cartagena. Sin embargo, al igual que en esos primeros viajes, ese país volvió a sorprenderme muy positivamente. Recuerdo que, en tiempos de mi infancia, a finales de los años ochenta, estaba sumido en la violencia producto del enfrentamiento entre los distintos carteles, las FARCS y el Estado.

La gente de ahí cuenta que en Cali y en Medellín se escuchaban, desde los barrios residenciales, los incesantes tiroteos, igual que se escuchan ahora en Tampico o en Matamoros, por mencionar solamente un par de nuestras ciudades. Había secuestros, extorsión, los comercios cerraban durante semanas y los niños no podían asistir asiduamente a la escuela. Hoy esa realidad forma parte de la historia.

El Medellín que me tocó conocer es cien veces más apacible que el de los años ochenta. El gobierno parece haber comprendido por fin que para apartar a los jóvenes obreros o campesinos del camino del narco es necesario, no usar la fuerza sino dar alternativas, por ejemplo, el mundo de la cultura. En Colombia, hay numerosos programas para incitar a leer, entre ellos, uno muy popular llamado “la burroteca”, que consiste en trasladar burros cargados con novelas, ensayos y conjuntos de cuentos, que se pasean de comunidad en comunidad, llevando e intercambiando libros. Claro que antes de implementar algo así es necesario que la gente aprenda a leer…

Impresiona la cantidad de bibliotecas en barrios desfavorecidos de las afueras de Bogotá y Medellín, que se han construido en lo que va del siglo XXI; bibliotecas con libros pues, aunque parece obvio, no siempre es lo que sucede; lugares donde se organizan eventos culturales. Sé, sin necesidad de que nadie me lo cuente, que llenan los auditorios y atraen a los habitantes de esas colonias paupérrimas.

Sin ir más lejos, hace una semana participé en un programa llamado “Adopta un autor” y me tocó asistir a una preparatoria donde más de cincuenta estudiantes habían leído mis libros y estaban ansiosos por conversar acerca de ellos. Probablemente, gracias a la figura de Gabriel García Márquez, el escritor es un personaje querido y cercano a la gente. No pude evitar pensar en México y en la falta que nos hacen programas así. ¿Cuánta oposición habrían tenido los festejos por el bicentenario, si celebrar hubiera consistido en construir escuelas y bibliotecas en todos los rincones de la república en lugar de un desfile de botargas y un dispendioso monumento a las Suavicremas?

A pesar de que tiene innumerables problemas, la Colombia de hoy es un ejemplo para América Latina en muchos sentidos. Se nota en detalles como los que acabo de mencionar y en otros, como la cortesía entre ciudadanos o la armonía que noté en la Plaza del poblado donde di mi último paseo el sábado en la madrugada, después de una noche de baile a la colombiana.

El poblado es un barrio adinerado de Medellín por cuyas calles es posible caminar a las cuatro de la mañana sin que esto implique perder la billetera o arriesgar la vida. La gente se reúne en la plaza, a cantar, a tocar la guitarra, a conversar igual que uno puede hacerlo en Xalapa a las cinco de la tarde, y si está de humor para hacerlo, a fumar uno que otro cigarro de marihuana. No hay riegos. Todo está controlado por una policía abierta y tolerante que no busca mordidas sino la seguridad de los ciudadanos. Cuando pregunté estupefacta cómo era posible, un restaurantero contestó con cara de estar diciendo una obviedad: “después de todos estos años nos dimos cuenta de que nuestros negocios progresan más cuando no hay enfrentamientos.”

Ahora se habla mucho de la “colombianización de México” para hablar de la situación del narco en nuestro país pero, basta ir a Medellín, para entender que la expresión está equivocada. Colombia ha cambiado mucho en estas últimas décadas. Nosotros también pero no en el mismo sentido.

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(GUADALUPE NETTEL / g.nettel@yahoo.com.mx)

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Escritora. Aunque defiende el género del cuento como una guerrillera, su novela más reciente obtuvo el Premio Herralde de novela. Es autora de libros como "El huésped", "El cuerpo en que nací", "Pétalos y otras historias incómodas" y "El matrimonio de los peces rojos".