Testimonio de un porro

Hace unas semanas me enteré del nombre y otros datos de un porro contratado para seguirme y darme una golpiza. Los servicios del tipo fueron requeridos después de que publiqué, en Aristegui Noticias, una investigación que hice junto con Irving Huerta sobre las redes de corrupción del anterior gobierno de Oaxaca. No se trata del primer incidente de riesgo que debo asumir a causa de mi trabajo, ni tampoco suelo hacer públicas este tipo de situaciones, pero lo hago ahora porque sirve como anécdota para presentar el siguiente testimonio.

A raíz del conflicto oaxaqueño del 2006, pude entrevistar a estudiantes que en la universidad recibieron más preparación como golpeadores que como universitarios. Varios de ellos participaron activamente en la represión ilegal de hace una década en contra de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). En mi libro, Oaxaca sitiada, a la mayoría de los porros que menciono con nombre y apellido, tiempo después, los mataron con una destreza profesional.

A pesar de ello, luego de varios años, uno de los porros que participó decidió relatarme en diversas entrevistas la manera en la que había trabajado al servicio de los jefes policiacos de aquel entonces. Su testimonio es importante, no sólo para entender las formas extralegales con las que operó el gobierno hace una década, sino también para estar atentos a lo que pasa ahora, ya que estas prácticas persisten y pueden volver aún más grave el nuevo conflicto que padece Oaxaca.

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I

Nuestra participación empieza cuando un grupo de porros de la universidad,  nos buscan a nosotros como chavos de la universidad para que juntáramos a toda la gente que tuviéramos. Que iba a haber dinero, drogas y lo que quisiéramos. Nos empiezan a juntar a los que juntábamos gente. Nos reúnen en la colonia 5 señores, nosotros todavía sin saber de qué trataba el movimiento del 2006, casi en los principios. Nos buscan y nos ofrecen dinero, nos dan tarjetas para celulares, nos dan vehículos para empezar a contactar a los chavos. Como a las dos de la tarde fue que empezaron a buscar a los chavos de cinco señores, de [la facultad] de Derecho, de todas las facultades y pasan por nosotros y nos vamos por detrás de los conos. Éramos como 100 chavos aproximadamente. De inicio nos dan una Urban, las Nissan doble cabina y unas Ford. Ya como a las ocho o nueve de la noche ingresamos a Radio Universidad. Las instrucciones eran atacar para desalojar Radio Universidad. Entrar a Radio Universidad, sacar a quienes estaban ahí, destrozar las consolas y sacar del aire a Radio Universidad. Nos dan armas a todos y nos dicen que no va a haber pedo con la policía ni nada. Se hace el ingreso a Radio Universidad pero pues de todos los que ingresamos nadie se atreve a entrar hasta lo que era la radio, simplemente entramos, la caravana con unos 10 automóviles – 10 camionetas y desde ahí se hicieron los disparos. En esa ocasión encabezaba la caravana el Dragón, el Chango, el Leño, el Perro, todos ellos. Al llegar, pues simplemente bajamos y empezamos a disparar desde la orilla, desde la carretera hacia la Radio pero no logramos el objetivo que era ingresar. La mayoría íbamos borrachos, otros drogados, era la euforia de nada más llegar y disparar pero nadie entró, nos dimos a la fuga de ahí. Yo creo que a raíz de ahí es en donde estalla la bomba de tiempo, después del desalojo del Zócalo creo que este fue el segundo desalojo que intentaron hacer, entonces se arma la balacera, los de Radio Universidad empiezan a convocar que vayan a la universidad y pues nosotros nos damos a la fuga, nos piden que guardemos vehículos. Nos dieron unos 200 pesos por chavo. Ese ataque pues la mayoría nos vamos. Todavía no iniciaban las barricadas.

Cada quien pertenecíamos a un grupo de cierto líder. Entonces nuestros líderes hablaban por nosotros y nos decían: “¿saben qué? les vamos a dar 200 por choya”. No todos llevaban armas, eran contados los que llevaban armas. Por ejemplo a mí me llevaba el Dragón, y él nos dio 200 pesos. A mí no me dio arma, yo iba manejando una camioneta. Ingresamos y las camionetas eran de la Secretaría de Seguridad Pública de SEPROCI (Secretaria de Protección Ciudadana). Ingresamos y ahí se armó la balacera, ni siquiera entramos hasta las puertas de Radio Universidad. Salimos y el chiste es que hubo enojo por parte de los que a ellos los habían enviado, de la autoridad, hacia nuestros líderes. Hubo enojo esa noche porque no se logró el objetivo.

(Continuará)

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Testigo y narrador de conflictos del primer cuarto del siglo XXI en México y otros países. Su más reciente libro es Slim (Debate, 2015). Participó en la Comisión de la Verdad de Oaxaca que investigó y consignó a funcionarios por ejecuciones extrajudiciales y actos de tortura. Cofundador de agenciabengala.com.