“Parecía una guerra”

Esta es la última entrega de esta serie sobre la forma en la que el gobierno creó grupos ilegales para infiltrar, radicalizar, detener y asesinar a opositores durante la insurrección de Oaxaca en 2006. Una práctica que no es exclusiva del territorio oaxaqueño ni que tampoco ha dejado de ser usada en el ámbito gubernamental para tratar de contener las protestas. Apenas la semana pasada, circuló en redes sociales una fotografía en la que aparece un grupo de porros mostrando sus armas de fuego en un patio del campus de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Quien encabeza la imagen, tomada el pasado mes de junio, es el Krusty, uno de los porros que estuvieron en el conflicto de 2006 y que han sido mencionados en estos artículos.

La última parte de la serie gira en torno al incendio del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca, ocurrido el 25 de noviembre de hace diez años, durante la mayor jornada represiva de todo el conflicto, en la cual la Policía Federal detuvo, torturó y trasladó a Nayarit a más de un centenar de activistas. Hasta el día de hoy, el ataque a la antigua sede del poder judicial ha sido atribuido a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca e incluso, los procesos penales mediante los cuales el gobierno de Felipe Calderón encarceló en Almoloya a dirigentes como Flavio Sosa se basó en la acusación de que los manifestantes habían quemado este viejo edificio.

Pero, además del Informe de la Comisión de la Verdad de Oaxaca, donde se ofrece un relato distinto, el porro entrevistado aseguró que un grupo de agentes de la procuraduría especializado en explosivos se habría encargado de este ataque y de otros, como se explicó en la columna anterior.

Recuerdo que lo del 25 de noviembre fue lo más pesado. Hubo varios incendios por todos lados. En esa tarde, nuestra tarea era la misma: andar poniendo gente porque ya estaba la Federal en ese entonces y llega un momento en el que a nuestros dirigentes les hablan los mismos jefes de la policía, Alejandro Barrita y Aristeo López, diciéndoles que nos disfrazáramos porque esa noche iba a ser un agarrón ya parejo, algo brutal.

Y lo del tribunal, que había sido quemado por miembros de la APPO, eso fue imposible porque la policía ya tenía abarcada el área de lo que era la librería de La Proveedora cuando se empieza a incendiar el tribunal, incluso nosotros paramos autobuses que circulaban por Periférico por donde está el Piticó de Periférico, y otro grupo por donde está la Comisión Federal de Electricidad. Ahí paramos autobuses del ADO, toda clase de autobuses que veíamos los parábamos y nos bajábamos a los pasajeros para ver si en esos autobuses no iban miembros de la APPO, esa tarde fue una tarde de golpizas. Oaxaca como a las nueve de la noche estaba totalmente solo, parecía una guerra. Solo, solo, todo muerto. Entonces nuestra actividad termina temprano. Como a las ocho nos dicen que ya estuvo porque se van a agarrar parejo. Llegó un pedo gacho.

La policía estaba muy consciente de que al estar la Federal iban a tener miedo los de la Asamblea e iba a ser fácil la captura de la mayoría de los miembros de la APPO pero pues yo creo que no contaban con qué tanta fuerza iba a actuar la Asamblea también. Fue tanto que llegó el momento que dijeron los policías: “saben qué, ustedes váyanse porque el agarrón va a ser parejo, si se va uno de ustedes lo sentimos mucho porque va parejo”. Entonces dejamos de prender urbanos, camionetas y pues ahora sí que vámonos ya cada quien para sus casas a resguardarse porque andaban por todos lados los federales. Incluso nos tocó ver a nosotros que las camionetas de los federales iban llenas de detenidos.

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Testigo y narrador de conflictos del primer cuarto del siglo XXI en México y otros países. Su más reciente libro es Slim (Debate, 2015). Participó en la Comisión de la Verdad de Oaxaca que investigó y consignó a funcionarios por ejecuciones extrajudiciales y actos de tortura. Cofundador de agenciabengala.com.