DIEZ

Mañana hace una década, comenzamos la idea radiofónica conocida como RMX, una idea que muchos le daban una existencia de 12 semanas y, ya, llevamos más de 520.

Hacer radio en el siglo XXI es tortuoso, difícil, complicado, imposible. Hacer radio honesta es una hazaña que pocos pueden hacer ante la presión del poder, los contubernios corruptos entre estaciones competidoras y promotores, una incesante demanda de recursos económicos y la escasez de ellos ante la nueva oferta de posibilidades de promoción y, por supuesto, una audiencia que transita entre lo tradicional y el desafío.

Luis Gerardo Salas me platicaba en la semana sobre lo azarosos que habían sido los primeros seis años de Rock 101 On Line y de cómo el trayecto había sido muy distinto a lo imaginado. En la conversación, pensaba en cómo nos cambió a todos la vida en estos años.

El país transitó de la efervescencia política a la discordia y de la discordia a la desconfianza de todos. No creemos en nadie, de los ‘pejezombis’ pasamos a los ‘chairos’ y de los defensores del espurio a ‘peñabots’; el debate cayó en la fácil descalificación que exploraba la ironía como la ruta de salida a la impotencia y la rabia.
Aprendimos a utilizar las redes sociales y nos volvimos reyes del meme. Saltamos del Ringo al Hi5 y de Facebook a Twitter para cometer los mismos errores de los medios tradicionales: parcialidad, falta de rigor, insidia.

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE GONZALO OLIVEROS: UN CONVOY LLAMADO DESEO

Fuimos testigos de los granadazos de Morelia y vimos regresar al PRI a Los Pinos entre gritos y vituperios. Nos atacó la influenza, la vergüenza, el narco y la contraguerrilla. Todo, mientras los medios se oxidaban, mientras veíamos caer a Aristegui dos, tres veces.

Tiempos interesantes. Transitamos en una estación que se burlaba de los gays a, ahora, defender sus derechos de la discriminación. Abrimos la discusión sobre la legalización de la mariguana lustros antes de los poderosos y logramos que la relación con el radioescucha fuera tan tirante como la mayor relación íntima que se tenga en la vida.

Hoy, RMX termina su primera década. Pasamos del FM al HD y a la transmisión vía internet. Hoy, el número 212 es algo más que un capicúa: es el festival gratuito más grande de México.
Todo eso es RMX. La satisfacción radiofónica más grande que he tenido…pero no la última.
APUNTE FINAL: Con este artículo, me despido por el momento de las páginas de Máspormás. Agradecido por la libertad y apertura de un periódico atrevido e insolente, como debemos ser todos. Éxito para todos, nos volveremos a ver.

Compartir
Artículo anterior¿(Ya no) te queremos tanto, Uber?
Artículo siguienteLa vida es un ring
Programador de radio que en sus ratos libres produce televisión. Habla en RMX y en Imagen. Su tiempo libre lo usa en hacer fiestas a las que llama 212.