Los frutos del abandono

“¿Cuánto tiempo tiene cultivándose esta planta aquí en la tierra de Guerrero? Uy, desde que yo nací”, dice el testimonio de un campesino entrado en años en el documental Heroína mexicana: la ruta de la amapola producido por Vice News México (que se puede ver aquí). La planta en cuestión, huelga decirlo, es la delicada flor rosa de la amapola, de cuyos bulbos se extrae, entre otras cosas, la goma de opio con la que se fabrica la heroína.

La impresionante investigación, conducida por Daniel Hernández, en la que participó, además del equipo de Vice, el periodista mexicano Témoris Grecko, cumple la promesa de su título y nos transporta desde los plantíos en la sierra de Guerrero hasta callejones en Los Ángeles, donde adictos a la heroína ofrecen testimonios de primera mano de lo que supone la adicción a esta droga.

Además de pasearnos por los plantíos de amapola ubicados en enclaves inaccesibles, en zonas devastadas por el crimen organizado que ha dejado tras de sí pueblos fantasmas, casas y ranchos quemados y escuelas en ruinas, el documental logra establecer una visión polifónica del problema, en donde lo mismo hay voces del ejército que de especialistas de la ONU, adictos en ambos lados de la frontera, dealers y policías. Las conclusiones que derivan de lo que vemos en pantalla son avasalladoras: en tan sólo unos años, México se ha trastornado en el tercer productor de heroína en el mundo, en buena medida propulsado por la epidemia de adicción a esta droga que cunde en los Estados Unidos. En aquel país, según datos de su propio Centro de Control de Enfermedades, las muertes por sobredosis de opiáceos se cuadruplicaron entre 2002 y 2013.

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En un momento del documental, vemos un testimonio de Barack Obama que asegura que hoy en día en los Estados Unidos cuatro de cada cinco usuarios de heroína comenzaron utilizando opiáceos legales. Además de señalar la relación que existe entre los crecientes niveles de consumo de narcóticos —tanto legales como ilegales— y la sociedad de consumo, la investigación no titubea al señalar el abandono crónico y la pobreza milenaria como las causas que explican el dominio que ejercen cárteles en amplias porciones del territorio nacional. Al menos hay tres voces en la cinta que apuntan en esa dirección: Antonio Mazzitelli, representante regional de la oficina de la ONU contra la droga y el delito en la Ciudad de México; Luis Antonio Pantoja, Coronel de la Armada de México, que asegura que las causas que explican el involucramiento de las poblaciones rurales en los cultivos ilegales son “las condiciones de pobreza que se reconocen y existen” y los propios campesinos que brindan testimonios de cómo los narcos queman sus casas o desaparecen a sus familias si no siguen sus órdenes.

El llamado “pentágono de la amapola” ubicado entre la costa y los poblados de Ixtapa, Coyuca, Iguala y Chilpancingo, produce entre 40 y 60% de la amapola del país. La estrategia del ejército consiste en destruir y quemar plantíos para mantener vivo el simulacro de que realmente hay una estrategia para lidiar con este problema, cuando apenas unos cuantos meses después estos florecen de nuevo.

Los resultados de la Guerra contra el Narcotráfico son inversamente proporcionales al número de muertos que ésta ha provocado y el dinero que se ha invertido en ella. Observadores de derechos humanos estiman que la cifra de desplazados en el país con motivo de la violencia asciende a 210 mil personas, 21% de ellas provenientes de la zona de Guerrero.

De espaldas a la realidad, los gobiernos locales y federales continúan usando la propaganda, la manipulación mediática y la censura en algunos casos, como medidas para atajar la espeluznante realidad de nuestro país. Trabajos periodísticos como el del equipo de Vice News están ahí para refrescarnos la memoria. La solución, por supuesto, no es sencilla y menos en un plazo lo suficientemente veloz como para atraer la atención de la clase política obsedida en engullir rapazmente los presupuestos que derivan de los diversos procesos electorales. Antonio Mazzitelli resume el problema en una frase de manera puntual: “No es tanto eliminar el cultivo, como llevar una oferta real, constante, sustentable de servicios por parte del Estado, por parte de la sociedad, a lugares que llevan demasiado tiempo abandonados a su propia suerte”.