El águila que cae

En una de nuestras historias, un Cuauhtémoc derrotado en la defensa de México-Tenochtitlan llega ante el conquistador Hernán Cortés -quien le ha arrebatado su imperio- y le dice con dignidad: “Préstame tu puñal y péiname el alma”, aunque otros lo han traducido como “toma este puñal y mátame”.

En la otra historia un Cuauhtémoc ignorante y ‘pedereitor’ llega ante los medios de comunicación y asegura que le han dado un “golpe de Estado”, al negarse a participar en la disposición del “mando único” en Cuernavaca, Morelos. Asustado y haciéndose la víctima dice: “Responsabilizo al gobernador si me pasa algo a mí”.

En una de nuestras historias un Cuauhtémoc es torturado y sus captores le queman los pies para que confiese dónde está el tesoro. El joven abuelo aguanta con estoicismo su tormento. Cuando su compañero empieza a gimotear, él le dice: ¿Acaso estoy en un lecho de rosas?

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En la otra historia un Cuauhtémoc envalentonado y ‘sacalepunta’ llega ante el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, y su comisionado de seguridad, y les dice: “Yo les voy a romper la madre”. Y háganle como quieran. La contundente argumentación del futbolista convertido en alcalde parece ser una especie de mantra que repite una y otra vez.

En la primera historia un Cuauhtémoc vive algunos años más cargando las heridas de la tortura pero la dignidad de la derrota, hasta que Hernán Cortés sospecha de una conspiración encabezada por él y ordena colgarlo en un lugar del que no se tiene certeza.

En la otra historia un Cuauhtémoc que no sabe ni qué pedo seguirá siendo alcalde cargando el estigma de parecer estar más del lado de los criminales que de la autoridad, y más preocupado por su seguridad que por la de sus gobernados. Si alguien en algún momento decidiera “darle cuello” como al otro Cuauhtémoc, honestamente no va a tener mucho margen de maniobra.

Lo único común en ambas historias es que Cuauhtémoc significa lo mismo: “Águila que cae”, pero hasta para caer hay que tener estilo. No es lo mismo ser un guerrero águila que defendió a su tierra y a su gente literalmente “rompiéndose la madre” hasta la derrota, que ser un águila del América venida a menos que solita se quema por su soberbia y su incompetencia.