Estáfate a ti mismo, vete de vacaciones, por @nettelg

Hay quienes las planifican con meses de anticipación, pero la mayoría llegamos al mes de julio sin haber decidido lo que haremos para las vacaciones. Los niños ya han salido de la escuela y desde el sofá de la sala nos miran con ojos abiertos e interrogantes, como quien espera a que se pronuncie un complejísimo oráculo.

Irse de vacaciones es un despropósito. No se trata solamente del gasto que implica, que ya es bastante: billetes de avión, hoteles, comidas fuera durante días y días. Es una consigna: en verano hay que aprovechar los días libres para viajar.  Para obedecer a esa regla en el fondo arbitraria, hacemos hasta lo imposible por salir de la ciudad o del país en el que radicamos. Muchas veces es necesario adelantar trabajo para no dejar pendientes en la oficina. Una vez solucionado el transporte y el alojamiento, hay que pensar en la ropa que pondremos dentro de la maleta y comprar lo necesario para sobrevivir fuera de casa. El aeropuerto tiene su propias complicaciones: los retrasos de los vuelos, la pérdida de nuestro equipaje que llega tres días después y nos obliga a alejarnos de la playa para comprar todo aquello que tardamos horas en empacar.  Cuando por fin llegamos al resort carísimo esperamos, claro, que todo sea perfecto. Pero la realidad nunca cumple con nuestras expectativas: el aire acondicionado no sirve, hay olor a insecticida en el cuarto, las sábanas están sucias o no funciona el WiFi, la comida del all inclusive es insulsa y reciclada, y el aire está plagado de mosquitos.

Una vez que por fin hemos conseguido colocar nuestra toalla sobre la arena, nos enteramos de que nuestra pareja planea hacer 20 recorridos y los hijos insisten en conocer ese parque de atracciones que parece tan artificial y donde es necesario que los acompañe un adulto. En la alberca descubrimos con horror a nuestro compañero de trabajo. Hemos hecho kilómetros para alejarnos de ese entorno y ahora también él aparece en ese paraje supuestamente exclusivo. Seguro recibió la misma oferta que nosotros por internet. Por si fuera poco, en traje de baño aparenta 10 años menos que nosotros. ¿A qué hora le da tiempo a ese imbécil de ir al gimnasio? Es entonces cuando empezamos a juzgarnos por el estado deplorable de nuestra musculatura y, si la culpa es mucha, a frecuentar el gimnasio del hotel. ¿Quién dijo que las vacaciones eran para desestresarse? No te culpo si te sientes estafado. En realidad se necesitarían unas segundas vacaciones para descansar de las primeras. Pero esta vez, por favor que sean en casa.

( Guadalupe Nettel)