¿De dónde sale tanto turista?

Una chica extraordinariamente simpática, de unos 20 años, acompañada de una amiga igual de guapa y vivaz, se acercó una mañana soleada de finales de diciembre para acariciar a mis perros mientras paseábamos por una plaza en la colonia Roma. Me dijo que tenía uno igual en Estados Unidos y no había podido resistir la tentación de venir a acariciarlos, hacerles sonidos y mimos. Las dos chicas americanas de visita en la ciudad desaparecieron luego por las calles del barrio. Son parte de un fenómeno que se manifestó con fuerza este fin de año: un turismo cosmopolita, joven y educado que invadió de repente la ciudad.

Fue un fenómeno notable. De repente, había colas de extranjeros con lentes oscuros, sandalias Birkenstock y suéteres negros esperando un café capuchino en la panadería de moda de la zona. El otro día, mientras esperaba a una persona en la calle de Durango, vi decenas de estadounidenses y europeos llegar al restaurante Contramar y desorientarse porque estaba cerrado, también vi gente cargando bolsas de las tiendas de diseño locales y, como si fuera el último descubrimiento del diseño mundial, vi entusiastas fotografiando una lámpara que colgaba de la entrada de un restaurante, una versión modernizada de las que se venden en el mercado de Tlaquepaque.

¿A qué se debe este fenómeno? El turismo en todo el país ha experimentado un crecimiento notable desde hace tres años y la Ciudad de México no es la excepción. El gobierno de Miguel Ángel Mancera ha hecho un esfuerzo por poner en el mapa internacional a la ciudad por medio de una estrategia de relaciones públicas, como la filmación de una película de James Bond que sucede, en parte, en la Ciudad de México; o el apoyo a la Fórmula Uno. Una nota reciente del New York Times, escrita por una mexicana que visita a la Ciudad de México después de mucho tiempo, pone el énfasis en otras cosas: la escena gastronómica de la ciudad que va adquiriendo fama mundial; la riqueza material y la fortaleza de su clase media; la rica escena cultural, así como una reputación liberal y gay friendly por el asunto del matrimonio igualitario (aunque a veces la realidad desmienta esta fama).

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Hace poco, llegó a mi casa la segunda edición de la guía Louis Vuitton de la Ciudad de México, un ejemplar que sólo se puede adquirir en las prestigiosas tiendas alrededor del mundo. La guía hace énfasis en todas estas características, además de reconocerle a la ciudad un carácter único en el mundo.

Frente al discurso antimexicano del nuevo gobierno estadounidense y en medio de los crecientes nacionalismos, ciudades amenazadas por actos terroristas y llenas de miedo, la vista de estos turistas en mi barrio es muy buena noticia. Obviamente contribuyen muy poco a resolver las absurdas desigualdades de la ciudad, la contaminación o su violencia, pero son un buen síntoma de un bienvenido cosmopolitismo, un argumento a favor del encuentro con el otro y el entendimiento que genera.