No es la lluvia de fuego bíblica, es México

Me he quedado sin internet y no planeo ponerle tiempo aire a mi celular el resto del mes. Me siento afuera de una taquería cerca de mi casa cuya clave de wi-fi ya se la sabe mi teléfono. Quiero ver si tengo misivas electrónicas relevantes o likes en mis redes sociales que me hagan sentir bajo un sol más vivo. Son las once de la mañana, están armando el trompo apenas. Pacientemente, el taquero va apilando los cachos enrojecidos hasta formar el suculento carrusel de carne.

Abro Facebook.

Me da la bienvenida la foto de los globos con que decoraron la estación de trabajo de un antiguo coworker, hoy cumpleañero. Con un movimiento perezoso de mi pulgar bajo aquel pergamino hipotético. Ignoro un anuncio comercial de carísimas camisas de futbol. Alguien comparte la canción Luna de Zoé. Todavía es muy temprano, que no chingue, pienso. Luego veo la foto de un café de Starbucks, se lee en el vaso Carmen pero quien subió la foto se llama Antonio. Leo: “Lo que el viento a Juárez”. Es el pie de página de una foto. La estoica escultura de Benito Juárez rodeada de llamas y un cielo afectado por el humo de las explosiones. Leo: “No es Apocalypse Now, es Oaxaca”, en la foto destacan dos helicópteros en un enrojecido cielo de nubes negras. A uno de ellos le cuelga, como la mierda a los peces, la estela luminosa de algo que arrojó sobre una escuela. Aparentemente gas lacrimógeno. Después, la selfie de una chica frente al espejo aun en pijama. El desayuno dietético de un amigo corredor. Los 10 memes más chuscos de la goleada de Chile a México. Facebook me sugiere que me haga amigo de un par de colegas escritores, de la exnovia de un amigo, de una editorial cartonera. Leo el hashtag Pray for Oaxaca, seguido de varias caritas amarillas con sendas lágrimas sin proporción en los ojos. ¿La gente aun dialogará con su dios o de plano no ha meditado acerca de lo que significa “pray”? Me aparece un comercial de Colgate. Una mujer afamada por sus escotes se superpuso electrónicamente orejas y hocico de perro lanza un lengüetazo, el clip tiene miles de likes. “No es Siria, es Oaxaca” y la misma foto que antes intenté describir compartida por un medio informativo. Inmediatamente me aparece otra vez: “No es Irak, es Oaxaca”. Facebook me recuerda que hace tres años había millones de zombis alrededor del Ángel de la Independencia en el póster de Guerra Mundial Z. Me aparece un comercial de Nivea Men. Emmanuel y Mijares en concierto, otra vez. Un meme de Juego de Tronos que no entiendo. El autocorrector de un completo desconocido le juega una mala pasada: “Ayer vi la del Canguro 2, no me dio nada de miedo”, dice su publicación. Alguien sube la captura de pantalla del tuit que puso el autor de bestsellers Don Winslow básicamente llamando cobarde a nuestro presidente Peña. “Oaxaca, seis muertos y 50 heridos: las fotos que el gobierno no quiere que veas”. Luego aparece la foto que subí yo antier de una página conmovedora del libro que estoy leyendo…

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Observo los dedos del taquero goteando un grasiento líquido rojo que le mancha el mandil, se escurre también en perfectos redondeles grumosos en la banqueta. Coloca una gruesa loncha de carne encima de otra, acodadas y formando una metáfora afortunadísima. Formando un trompo. Pienso en las palabras de Ramón del Valle Inclán: “vuelta al revés, una montaña es un abismo”. Empalada, la efigie de carne gira frente a un fuego más bien débil. El olor a carne que fue cuerpo me llega de golpe. No he desayunado y me resulta un aroma grotesco. Ya hay varios comensales sentados, esperan sus tacos atentísimos a sus pantallitas luminosas. Apago mi teléfono. No quiero caer en el lugar común de que el fin del mundo nos pasó de largo. Pero, carajo, estoy convencido de que incluso durante la lluvia de fuego bíblica celebraríamos goles y aprovecharíamos las baratas de Zara y le tomaríamos fotos a los taquitos que nos desayunamos.