“La tierra de los libres”, por @DRabasa

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La última línea del himno de los Estados Unidos dice que la bandera salpicada de estrellas deberá de ondear sobre la tierra de los hombres libres y el hogar de los valientes (“And the star-spangled banner in triumph shall wave / O’er the land of the free and the home of the brave!”). Sin embargo no siempre queda del todo claro qué es lo que los vecinos del norte entienden por libertad.

Ciertamente no han sido ejemplares en el respeto a la libre determinación de los pueblos: su política exterior está plagada de intervenciones criminales como las acontecidas en Chile, El Salvador, Guatemala, o más recientemente en Afganistán o Iraq, por mencionar sólo algunos ejemplos.

Tampoco pueden preciarse de respetar el libre trasiego de comunicación entre particulares como los últimos casos de espionaje han demostrado. La arbitrariedad con la que ejercen el derecho a encarcelar, asesinar y torturar a presuntos enemigos tampoco apuntala la libertad en la que se ufanan de sostener sus principios nacionales.

Pero la Suprema Corte de los Estados Unidos (para muchos lo más rescatable de la cada vez más cuestionable presidencia de Obama) acaba de dar un golpe de mesa que sin duda refuerza uno de las dimensiones de la libertad más importantes que existen: el libre ejercicio de la sexualidad. Al contravenir las leyes federales que prohibían los matrimonios entre personas del mismo sexo, los Estados Unidos han dejado un ejemplo contundente para los países que aún no reconocen exactamente los mismos derechos para las personas homosexuales y heterosexuales.

Por una vez, los norteamericanos podrían usar su liderazgo mundial para combatir ideas rancias y reaccionarias en relación con este tema en todo el mundo.

En países como Senegal (y en otros países africanos y asiáticos) la homosexualidad es un crimen. El DF ha mostrado una de sus caras más progresistas en esta materia, aunque a nivel federal, especialmente durante la presidencia de Calderón, haya recibido amenazas para dar marcha atrás en su legislación. Fuera de la capital las posturas son mucho más fanáticas y retrógradas.

Los legisladores (se supone), representan los intereses de la sociedad y están ahí (se supone) para velar por aquello que manifiestamente necesitamos. Pero también están ahí porque (se supone que) son ciudadanos destacados o ejemplares que nos pueden ayudar a transformar las ideas sobre las que cimentamos nuestra idea de nación.

Estados Unidos ha sido un epígono de nuestro país en muchos aspectos negativos, ojalá que seamos capaces también de imitarlos cuando ejercen de manera virtuosa su política interna.

¡Anímate y opina!

drabasa@yahoo.com.mx

*Diego Rabasa es parte del consejo editorial de Sexto Piso y del semanario capitalino La semana de Frente.

 

(Diego Rabasa)