LAS “FULANAS” DEL CHAPO

Estas semanas nos enteramos de que Joaquín el Chapo Guzmán tiene al menos 17 hijos, padece disfunción eréctil, fantaseaba con una modelo de Victoria’s Secret que posaba en un póster semidesnuda donde fue su última guarida y se entinta el pelo con Just for Men. Antes de su captura no alcanzó a usar una caja para cubrirse las canas.

El ego y su atracción por las mujeres fue su punto débil, su talón de Aquiles, la causa de su perdición, nos han bombardeado en las noticias.

Celosa de su mandato, la Procuraduría General de la República se ha enfocado en perseguir a las “fulanas” relacionadas con el Chapo, a esas Evas tentadoras y en eterno complot con las serpientes hasta que logran la expulsión de los hombres del Paraíso.

Ellas han resultado ser las malas de esta película, las peligrosas, las obligadas a declarar ante la justicia, las culpables hasta que demuestren su inocencia en este reality show transmitido en los noticieros.

La malvada principal es la actriz Kate Del Castillo, quien flirteaba con el capo por mensajitos de BlackBerry, luego de que lo convenció de filmar una película sobre su vida. Aunque el Chapo fue atrapado en la ciudad de Los Mochis cuatro meses después de su encuentro en la sierra, Kate es señalada como su perdición y causante de su desgracia.

Otra mujer en el candelero es la diputada panista Lucero Sánchez quien visitó en la cárcel al jefe del Cártel de Sinaloa antes de su segunda fuga. Apenas la semana pasada –más de un año después del hecho—fue desconocida por el PAN y trasladada por Policías Federales desde Sinaloa a la Ciudad de México para que declarara.

Esta mujer que ingresó al club de “las chicas” del Chapo es mencionada en las noticias más por su condición de mujer que por el indicio de la narcopolítica.

Antes de fugarse por el espectacular túnel, la diputada visitó dos veces al narco. Durante los 477 días que estuvo recluido en Almoloya tuvo registradas 474 visitas.

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Quien da la cara por el narcotraficante es su madre, doña Consuelo Loera. Se sabe también que a Guzmán Loera no le permiten la visita de su esposa, la exreina de belleza Emma Coronel, madre de sus hijas gemelas, a quienes primero se señalaban como las causantes de que el gobierno no lo atrapó cuando lo tuvo ubicado en la sierra (porque se decidió no usar armas de fuego para protegerlas), aunque luego se supo que ese día se acompañaba de una cocinera y su hija.

En esta serie televisiva nadie nos ha explicado cómo llegaron a la guarida del Chapo las armas del experimento “Rápido y Furioso” con el que el gobierno estadounidense quiso ver cómo se mataban entre mexicanos. Nada sobre el Cholo, su cómplice y jefe de sicarios, salvo que su novia fue una Miss de belleza asesinada.

Nos enteramos de que las cuentas de Kate del Castillo serán congeladas, pero nadie ha comentado por qué el tiempo que Guzmán estuvo en la cárcel quedaron intactos los negocios y cuentas bancarias del multimillonario, mientras que el gobierno de Estados Unidos confiscó bienes de sus dos exesposas: María Alejandrina Salazar Hernández y Griselda López Pérez.

Supimos de la visita de la diputada en el penal, pero no sabemos quién más lo visitó y quién dio la orden de dejarlo escapar, ni cuáles políticos le dieron cobijo y favorecieron la creación de su emporio. Lo que importa ahora es hacer Patria linchando a Kate del Castillo. Lo que importa es descifrar sus conversaciones privadas. Lo que importa es señalar a las Malinches. Lo que importa es tirarles la primera piedra hasta lapidarlas, para que siga la telenovela, mientras Los Hombres del Chapo, sus sicarios, sus abogados, sus protectores, sus socios (sean militares, empresarios, funcionarios, políticos) permanecen en las sombras.

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Fundadora de la Red Periodistas de a Pie. Colaboradora en la revista Proceso. Autora de "Fuego Cruzado: las víctimas atrapadas en la guerra del narco". Ganadora de varios premios internacionales entre los que destaca el Premio de Excelencia de la FNPI, Premio Wola de Derechos Humanos y Premio a la conciencia e integridad en el periodismo de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard.