“¿Le gustaba la ciudad a Buñuel?”, por @JorgePedro

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Yo creo que a Luis Buñuel no le gustaba la Ciudad de México. De joven, solía decir de Latinoamérica: “Si desaparezco, buscadme en cualquier parte, menos allí”. Desde luego, no se imaginaba que en 1948 se naturalizaría mexicano ni que viviría más de 30 años, los últimos, en la colonia Tlacoquemécatl del Valle.

“Buñuel nunca se incorporó realmente a la cultura mexicana, por algo vivía en una casa con un muro coronado de vidrios”, cuenta Carlos Fuentes en A propósito de Buñuel (2000). La cita la tengo fresca porque acabo de ver el documental, justo antes de dirigirme al 27 de la Cerrada de Félix Cuevas en donde, según me enteré por las noticias, se celebraba un homenaje y la reapertura de un centro cultural. En la puerta de la casa de Buñuel supe que se trataba de un evento privado (¿por qué lo habrán anunciado, pues?), así que tuve que irme.

En el camino de regreso, asocié lo ocurrido con la visita que en 1934 le hizo Buñuel a Dalí, su viejo amigo de la Residencia de Estudiantes. Se comenta que su esposa Gala le pidió hacer antesala y entonces Buñuel prefirió irse. Cuando el ingenio de una persona se vuelve un asunto institucional o manejado en exclusiva por alguien más, los amigos (no le hace que seamos post mortem) no tenemos nada que hacer cerca.

Pero volvamos a la relación del cineasta aragonés con esta ciudad. Llama la atención que el trigésimo aniversario de su muerte coincida con el éxito comercial de Nosotros los nobles (2013), basada en El gran calavera (1949), su segunda película en México. Me encanta que en el filme original, para la boda se haya escogido la parroquia neogótica de Praga 11 en la colonia Juárez.

Muchos apreciamos el retrato que hizo Buñuel de la Ciudad de México, que lucía distinta a la que exhibía la industria cinematográfica de aquel tiempo, con charros y hampones, rumberas y balazos. Un ejemplo de esa otra ciudad son los pobres de Los olvidados (1950), pero también las arquitecturas funcionalista, religiosa y hasta art nouveau en Él (1953), o bien la alta burguesía capitalina en El ángel exterminador (1962), filmada en una mansión de la calle de la Providencia, que en realidad era la avenida Homero en Polanco.

¿Por qué digo que a Buñuel no le gustaba la ciudad si la mostró tanto en sus películas? Pienso que no la apreciaba igual que a Toledo o París y que más que chulearla se dedicó a denunciarla o incluso ignorarla. Sólo hay que leer la extensa entrevista que publicó Elena Poniatowska en Todo México (1990), en la cual prácticamente la única alusión a México es que no le agradaban los mariachis.

A lo mejor a Luis Buñuel Portolés no le gustaba la Ciudad de México, pero seguro que sí la quería (La ilusión viaja en tranvía, de 1953, parece confirmarlo). Personalmente resulta más meritorio quererla sin que guste que al revés.

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*Jorge Pedro Uribe Llamas estudió Comunicación. Ha trabajado en radio, revistas y televisión. Sus crónicas sobre la Ciudad de México están en jorgepedro.com.

 

(Jorge Pedro Uribe Llamas)