Mancera did it again

Es deporte local subestimar a Miguel Ángel Mancera. Sin embargo, esta semana el jefe de gobierno se anotó una victoria. El presupuesto de egresos de la Federación será generoso en 2014 con la ciudad de México. Es una muy buena noticia para los capitalinos. Pero como bien dicen los hoy tan queridos gringos, no hay tal cosa como un almuerzo gratis. Así que conviene preguntarse si al ganar Mancera, si al ganar los capitalinos, ¿quién o quiénes pierden? E incluso preguntarse si alguien más gana.

 Mancera logró que el Distrito Federal tenga más recursos dentro de un fondo de capitalidad, e igualmente importante, el novel gobernante logró que la ciudad sea integrada al Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social (FAIS). En los hechos, se reparan injusticias contra la ciudad de México y se le da un pilón para paliar algunos de los costos de ser la capital.

Con este acuerdo, informado el martes por el mismísimo secretario de Hacienda Luis Videgaray, Mancera muestra que su estrategia (tener una buena relación con el gobierno federal) paga buenos dividendos.

Cuestionado en la opinión pública por supeditarse al secretario Miguel Ángel Osorio Chong durante las semanas más álgidas de la crisis de movilidad por las protestas magisteriales; objeto de críticas porque fue la Procuraduría General de la República la que no solo localizó los restos de los jóvenes del Heaven sino que ubicó a algunos de los inculpados por esa matanza; cabeza de un gobierno abusivo contra ciudadanos en marchas pero ineficaz ante desmanes de los anarcos, Mancera es también un gobernante que ha logrado avanzar en una especie de agenda paralela, una que pacta con el gobierno federal.

Los Pinos miman a Mancera. Ese secreto a voces, que se materializa en cortesías como la que tuvo Videgaray con el jefe de gobierno esta semana, al sumarlo a la rueda de prensa y comprometer apoyos para el DF, ¿sirve o debilita al PRD? ¿Sirve o debilita a la izquierda?

El gobernante capitalino tiene algo por lo que suspiran en el Partido Acción Nacional (PAN) militantes como el senador Ernesto Cordero. Tiene una interlocución directa con los hombres de Peña Nieto. Mancera acapara esa interlocución, pero no en detrimento de Jesús Zambrano o de Jesús Ortega, líderes del PRD cuyo desgaste los deja en una posición donde ya tienen muy poco que perder. Los que realmente pierden con la consolidación de Mancera son Marcelo Ebrard, René Bejarano y, de otra manera, Andrés Manuel López Obrador.

El jefe de gobierno ha sellado de facto una alianza con el gobierno de Enrique Peña Nieto que va más allá incluso del Pacto por México. Eso le duele a gente de izquierda que ven en riesgo el proyecto que esta ciudad tiene desde 1997. Pero en real politik, Mancera y Peña Nieto se fortalecen mutuamente. Tienen razón algunos izquierdistas en sentir que más que un fondo de capitalidad esta semana quizá se pactó una capitulación (Gerardo Esquivel dixit), una capitulación de un gobierno local que en pasadas administraciones llegó a tener el peso como para constituirse como alter ego de la Presidencia de la República.

Con las noticias fiscales del martes gana Mancera, ganarían eventualmente los capitalinos, pierden algunos en la izquierda, aquellos que tenían aquí la idea de un bastión. El desdén de Mancera a comprometerse con el PRD es calculado. Más pronto que tarde, el actual jefe de gobierno podría tener mayor capital que el partido que lo postuló. Tanto para quedárselo como para desfondarlo. Más capital aún que AMLO, al que Ebrard no pudo desplazar. Y apuntalado por sus amigos, Mancera podría convertirse en la figura inevitable de la siguiente elección. ¿Un personaje a modo para usarlo como plan B?

Si Mancera sigue cosechando apoyos como los de esta semana, las críticas por su actuación en marchas o por supeditarse a la administración federal quedarían reducidas a un pequeñísimo círculo de opinadores y militantes del PRD; es decir, irrelevantes ante el gran electorado.

Esta semana fue buena para Mancera y el DF. Los costos correrán a cargo de la izquierda. Hoy, y eventualmente mañana. Ya veremos qué pasa.

(SALVADOR CAMARENA)