Martes 13, por @jorgepedro

Nuestra ciudad cumple 493 años la semana entrante.

Digo nuestra refiriéndome a la que nació con la caída de Tenochtitlan a manos de españoles, tlaxcaltecas y otros de Cempoala, Cuba, etcétera, después de un sitio bien pensado y bien defendido, y no a la capital del ave y el nopal ni tampoco a los centros urbanos de Tlatilco o los cuicuilcas. La nuestra: la del 13 de agosto, día de San Hipólito, a cuya iglesia en la colonia Guerrero asiste un gentío armado de San Juditas y paciencia cada día 28. Nuestra ciudad mestiza, que no es más vieja que Tepeaca o Veracruz. Que no es mejor esta mañana ni tampoco peor. La que es.

La que González Obregón disecciona en su crónica sobre el Paseo del Pendón, que dejó de hacerse a principios del siglo antepasado porque se supone que ya no venía al caso. Ciudad de desarraigados mesoamericanos, europeos, mestizos, criollos, africanos, migrantes y finalmente capitalinos. Más ojerosa que pintada. La que vio la luz un martes de tormenta. La que este año festeja su cumpleaños sin pena ni gloria, pero seguro que con lluvia, como en conmemoración propia, y que en la esquina de Constancia y Santa Lucía, en Tepito, deja testimonio de los últimos esfuerzos del parto. Ciudad de pan dulce, vapor de maíz, niños felices y hombres tristes, Cristóbales Nonatos, catadura de calicanto, lágimas de PET. Pero yo sé que en la Plaza de las Tres Culturas sí se acuerdan de la fecha: los cronistas ofrecen unas palabras, los concheros bailan, se honra la prolija resistencia de los mexica a pocos metros de la frase de Torres Bodet: “No fue triunfo ni derrota, fue el doloroso nacimiento del pueblo mestizo que es el México de hoy”.

Y los demás, ¿qué hacemos? Se propone evocar el día referido, ce coatl del año yei calli, en el que Cortés otea el desastre desde una casa del barrio tlatelolca de Amaxac. Ahí recibe a Cuauhtemotzin, de veintitantos años, “lo ve detenidamente, le acaricia el cabello”, como está escrito en La visión de los vencidos. Después lo sienta. “Toma ese puñal que tienes en la cinta y mátame luego con él”, replíca el emperador. (“Y el mismo Guatemuz le iba a echar mano dél”, tacha Bernal en el original.) Pero terminan por hacerse cuates, y se ha especulado que no sólo eso.

Lo anterior ocurre, según la tradición, donde hoy puede visitarse el desnudito templo de La Concepción Tequipeuhcan, también en la calle de Constancia. Otra idea para este 13 de agosto, por qué no, es la misa solemne de las siete de la tarde por el día de San Hipólito, patrono de la Ciudad de México, en la iglesia homónima, como excusa para desentrañar la leyenda del labrador relatada en piedra en Zarco y Puente de Alvarado, y pensar en lo que habrá pasado ese martes 13, por qué el negro Juan de Garrido habrá levantado ahí mero la Ermita de los Mártires y qué tiene que ver San Hipólito, antipapa y mártir, con esta ciudad de casi 500 años y cinco soles y pico.

Placa en el templo de La Concepción Tequipeuhcan.

Foto tomada de: http://comoespinademaguey.tumblr.com/post/45426307971/el-lugar-donde-comenzo-la-esclavitud-en-la

El templo de La Concepción Tequipeuhcan en los años veinte.

Foto tomada de la página de Facebook La Ciudad de México en el tiempo.

Evento del 13 de agosto en la Plaza de las Tres Culturas.

Foto de Rodrigo Jardón

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(JORGE PEDRO URIBE LLAMAS)