Ciudad de necios | Despertar con miedo

estar preparados

Necios sonámbulos que esperan a que la fiebre pase y que siguen sin estar preparados. 

Los veo muy quietos. Percibo un temor profundo, los chilangos estamos escamados, ciscados, pero hacemos poco por estar preparados. Sí, tengo miedo de que me agarre un terremoto en casa, pero sigo sin saber qué hacer si se cae mi edificio y sobrevivo. Como yo están millones. Sé que muchos seguimos despertando exaltados en medio de la noche tras escuchar cualquier sonido que se parezca a una alerta sísmica. Entre sueños se nos aparece la mochila de vida que tenemos colgada a la entrada de casa con los documentos importantes, una lámpara de pilas, dinero, agua, latas de atún…

Ha pasado un mes desde que la Ciudad de México vio edificios caer el 19s, niños morir, gente gritar bajo los escombros; un mes desde que nuestros corazones crujieron después de perder a alguien o darnos cuenta que de milagro seguimos vivos, que por ahora no nos tocaba.

Si otro terremoto nos sacudiera, ¿qué haríamos distinto respecto a hace un mes?

Los científicos no pueden predecir sismos, nadie lo puede hacer, pero en el Instituto de Geofísica de la UNAM se sabe que debajo de nuestros pies y en las costas del Pacífico se concentra una cantidad de energía suficiente como para provocar un terremoto igual o mayor que el del pasado 19s. “Lo estamos esperando desde hace años”, me dijo el geofísico David Novelo, quien desde la UNAM preparará un atlas de riesgo para la zona centro de México.

Insisto con la pregunta: ¿qué haríamos distinto para cuando esto ocurra?

¿Volveríamos a subirnos al coche para colapsar las avenidas y provocar que los servicios de emergencia tarden horas en llegar a donde los necesitan? ¿Dejaríamos pasar el temblor y luego regresaríamos por nuestras pertenencias a los edificios que desalojamos con terror corriendo el riesgo de que se nos vengan abajo como ocurrió en algunos casos tras el 19s? ¿Alguien sabe si en la cuadra donde vive hay alguien designado por Protección Civil para auxiliarnos y orientarnos durante esos minutos del terror? ¿Alguien en nuestra cuadra, en nuestra calle, está capacitado para dirigir labores de rescate?

¿Nuestros cuerpos de emergencia y rescate están debidamente capacitados y equipados para reaccionar después de un terremoto? ¿Los que existen son suficientes?

La solidaridad, la ayuda y las manos no faltarán, esas las hemos visto siempre y no hay porqué pensar en que no estarán ahí de nuevo, pero ¿alguien nos explicó cómo reaccionar después de las escenas dantescas del pasado 19s, y del que ocurrió en el 85 y antes?

No estamos preparados del todo. Según Yukinari Hosokawa, integrante del Equipo de Reducción de Riesgos de la Agencia de Cooperación Internacional Japonesa (JICA, por sus siglas en inglés), México no ha invertido lo suficiente en sus equipos de rescate, tampoco en tecnología y capacitación.

Según Hosokawa, los mexicanos no conocemos a detalle el protocolo, los pasos a seguir después de un terremoto: “Japón tiene una estructura más clara sobre la división de labores. Según la Ley Básica de las Medidas de Controles de Desastres, cada tipo de organización tiene definidos sus trabajos, aquí quizás no hay este tipo de leyes” (Reforma, octubre 2017).

No existe coordinación entre los grupos que operan en México. Es más, muchos vimos enfrentamientos entre ellos por diversas razones, lo que se reflejó en la imposibilidad de realizar rescates efectivos.

La fiebre post terremoto movió a muchos a donar, a redirigir fondos públicos, a llamar la atención sobre un fondo que ponga a México al día en prevención y actuación después de un sismo. Pero las fiebres terminan y los mexicanos nos enfriamos. Será por eso que el presupuesto del Sistema Nacional de Protección Civil sigue siendo menor al 0.5 por ciento del gasto público.

Seguimos sin estar preparados verdaderamente, sin saber, sin invertir. Tal vez por eso despertamos con miedo por las noches.

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Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.