Chabelo y un gobernador increíble

Manual

Primer disparo
El jubilado Chabelo decidió pasar sus vacaciones en el Puerto de Balacapulco, Guerrero. Al cruzar una caseta fue detenido por integrantes de la CETEG. Al amigo de todos los niños (y de sus papás, abuelos y hasta tatarabuelos) lo dejarían pasar a cambio de que permitiera que los maestros pintarán en su camioneta frases como “Apoyo a los maestros”, “Ayotzi vive”, et al. Chabelo aceptó. El acuerdo se consumó. Ya quisieran en la secretaría de Gobernachong y la SEP ser tan buenos negociadores.

 

Segundo disparo
Cuando Chabelo llegó a Balacapulco el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, dijo que los paseantes se pueden sentir seguros en Ixtapa y Acapulco porque la disputa del narco es una guerra entre criminales y la mayoría de las personas ejecutadas “no son turistas, ni famosos”.

 

Tercer disparo
Si yo fuera Chabelo me pondría a rezar porque si Astudillo se equivoca, Chabelo estaría en riesgo por ser turista y famoso.

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Cuarto disparo
¿Hay gobernador más idiota? Tal vez, pero Astudillo se voló la barda. Imaginemos al gober que financió un libro sobre Joan Sebastian (mientras los niños guerrerenses no tienen baños en sus escuelas) atendiendo a familiares de víctimas de la violencia que ni son turistas, ni famosos: “Gobernador, a mi hija la levantaron, la violaron y la mataron”, “Ay, señora deje de moler, si mataron a su hija es porque no era turista”; “Gobernador, asesinaron a mis hijos”, “Ay, señor, no me joda, qué culpa tengo de que su familia no sea famosa”. El PRI de siempre. ¿Algún día nos daremos cuenta por quién votamos?

 

Último disparo
Un gobernador que trabaja para los turistas, los famosos y los dueños del dinero y el turismo. Un gobernador como muchos. Los guerrerenses son cruel estampa de todos los mexicanos.