On the road

El secretario Chandenguiz y su comitiva viajaron esta mañana al municipio de Perros Negros para atestiguar la puesta en marcha de los apoyos a pequeñas y medianas mesas de venta de birria”. “El gobernador José María Parra Brava arribó ayer al municipio de Salchicomula para dar el banderazo a un camino rural que unirá la comunidad con la cercana Sierra del Osobuco”. “El Presidente viajó ayer al reino de Eutarpia con un séquito de 312 personas, entre secretarios de estado, parientes sonrientes y camarlengos, con el fin de firmar una serie de acuerdos comerciales y recibir la Orden Del Mérito Que Se Le Da A Cualquiera Que Firme Tratados Con Nosotros”… En fin. Las noticias de todos los días. Me gustaría saber la cantidad exacta de dinero de nuestros impuestos que se emplea en que los funcionarios viajen. Siempre me ha maravillado la importancia que los integrantes de la clase gobernante (y acá incluyo a legisladores y a toda esa calaña de burócratas del nivel suficiente como para andar de damas de compañía con sus jefes) le conceden al hecho de viajar. Tienen todos, sin duda, unas almas inquietas y marineras.

Supongo que los gobernantes son partidarios de refranes como “al ojo del amo engorda el caballo” y por eso deciden que es cardinal atestiguar con sus propios ojitos asuntos que no tienen que ver, en el fondo, con la administración pública sino con el protocolo, como cortes de listón, ceremonias inaugurales y de clausura. ¿Por qué el Presidente dedica su mandato a ir de un lado a otro “atestiguando” y echando discursos ante audiencias de lambiscones preseleccionados por motivos de seguridad (no vaya a ser que algún colado quiera descalabrarlo o le grite)? Y, de nuevo, ¿cuánto nos cuesta ese enfoque de la administración basado en tener “eventos”? ¿Si el gobernador no se apersona, nadie será capaz de darle al botón del encendido de una termoeléctrica? ¿Si el Presidente no fleta el avión oficial, los chinos se echarán para atrás en la firma de un contrato? ¿Los convenios pierden validez si no los rubrican en medio de aplausos y alguien toma fotos?
Desplazar a un alcalde o gobernador, un secretario de estado o un diputado implica gastar en sus aviones, en sus guaruras, en sus viáticos (y pocos de ellos se resignan a dormir en casa de sus tías, así que hay que darles hotel, cenitas…). Implica gastar en los medios, en la lona idiota que dice el nombre del evento, el lugar de realización y su fecha, que tiene la función de que cualquier asistente pueda saber en todo momento dónde está y para qué, por si se le olvida. Y todo ese aparato (estoy viendo una foto del Presidente a punto de echarse a correr rodeado de funcionarios, todos con uniformes deportivos iguales pagados por el erario) no es gobernar. Es gastar, gastar, gastar.

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Escritor mexicano nacido en Guadalajara. Autor de las novelas "El buscador de cabezas", "Recursos humanos", "Ánima", "La fila india" y "Méjico".