Periodismo en Veracruz

 

Al camarada Canek Sánchez Guevara.

Buen viaje, carnal.

La procuraduría de Veracruz informó que la madrugada del sábado pasado fue encontrado el cadáver del reportero Moisés Sánchez Cerezo. Según ha confesado un ex policía intermunicipal, Moisés fue degollado el mismo día que lo sacaron a fuerza de su casa; es decir, el 2 de enero. La procuraduría ha dicho también que el autor intelectual es el alcalde de Medellín de Bravo, Omar Cruz Reyes, a quien le incomodaba la información que publicaba Moisés. Lo último que supe antes de entregar este texto (pasadas las 4 de la tarde) fue que el hijo de Moisés no reconocía el cadáver y que a Cruz Reyes aún no lo detenían porque lo protegía el fuero.

Javier Duarte, el que gobierna Veracruz desde 2010, quizá crea que el homicidio de Moisés —el onceavo periodista asesinado durante su administración— es algo que no le incumbe. De hecho, es muy probable que sus voceros se encarguen de reducir el problema de la inexistente libertad de expresión en Veracruz al caso de este alcalde panista que, como el perredista José Luis Abarca, el de Iguala, gobernaba a punta de pistola.

Duarte, sin embargo, no puede salir limpio.

Duarte fue electo para, entre otras cosas, garantizar los derechos ciudadanos. Y en Veracruz, por lo que logra publicarse en medios independientes, si no existe el derecho a una vida digna, mucho menos se piensa en el derecho a la libertad de expresión. Duarte fue electo también para garantizar la justicia, y su procuraduría ha investigado los asesinatos de los colegas con desapego o con falsas versiones para decir que esos homicidios fueron por asuntos pasionales. Duarte, además, forma parte del Estado y el Estado (un alcalde, su chofer y el subdirector de la policía) ha ordenado matar a Moisés.

El último año podría resumir bajo qué condiciones se ejerce el periodismo en el Veracruz de Duarte: el asesinato de Gregorio Jiménez en la zona de Coatzacoalcos, la golpiza que policías le propinaron a reporteros durante una marcha en Orizaba, la intimidación del Mando Único a reporteros de Córdoba, las agresiones a reporteros durante un mitin en el puerto de Veracruz, el ataque a la casa de una periodista en Xalapa, y los disparos a la casa de otro, también en Xalapa.

Hace poco me encontré a uno de los muchos colegas veracruzanos que han tenido que salir huyendo del estado. “Ahora, desde las oficinas de comunicación social del estado, están mandando memes amenazantes a los colegas”, me contó la última moda de la censura en Veracruz.

Resumen: En Veracruz matan o desaparecen a los colegas que se arriesgan a contar la podredumbre.

Moisés era director del diario Unión. Trabajaba de taxista para juntar plata y hacer periodismo. No lo conocí, pero sé de qué están hechos esos colegas: cada que viajo por el país, son ellos, los periodistas locales honrados, los que me han guiado y me han cuidado del monstruo del crimen al que ellos se enfrentan a diario. Mi admiración y respeto hacia ellos es incondicional.

Matar a un reportero es matar al mensajero de la ciudadanía. Por eso Duarte no puede salirse con la suya.

Posdata. Ayer se cumplieron cuatro meses de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Muchísimos volvimos a marchar en el país, y en el mundo hubo quienes se solidarizaron. A Peña Nieto debe quedarle claro que ya no olvidamos.