El otro desarrollo (2ª parte)

México es diverso. No es sólo una afirmación romántica, sino un hecho claro: nuestro país está en los primeros lugares mundiales tanto de biodiversidad como en la cantidad de lenguas habladas dentro de su territorio. Tiene un catálogo inmenso de climas, de culturas y de historias. Nuestro país no es uno, sino un inmenso archipiélago de regiones y cada una envuelve una posibilidad distinta, viable e importante para el desarrollo.

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE PEDRO KUMAMOTO: EL OTRO DESARROLLO (1ª PARTE)

Ahí, en el mar de opciones que tenemos frente a nuestra comunidad en su diversidad, cree Armando Sobrino que podemos encontrar la clave para construir otro futuro para el país. Conocí a Armando en Wikipolítica, organización en la cual participamos los dos desde principios del 2013.

Desde entonces él trabajaba como asesor del gobierno federal en temas de desarrollo y se preguntaba sobre cómo construir políticas públicas que fueran innovadoras, que involucraran a la sociedad y que sacara lo mejor de sus condiciones territoriales. A seis años de iniciar a trabajar con estos objetivos, decidí preguntarle su visión sobre el desarrollo en México, sobre sus posibilidades y alternativas.

  • Armando, mucho se habla sobre el desarrollo, en tu experiencia ¿cómo lo definirías?
  • Esencialmente, como la posibilidad de que nacer en un lugar no condicione toda tu vida, tus oportunidades de desarrollo, tu proyecto a futuro. Dicho en otra manera, que una niña de la Sierra de Puebla pueda tener acceso a la misma educación que un niño en la Ciudad de México.
  • ¿Y cómo podríamos lograr ese desarrollo?
  • No hay una receta mágica, abstracta, que nos sirva para todos los países. Incluso, creo que el desarrollo no puede ser el mismo para todas las regiones del país. Sin embargo, esencialmente tenemos que pensar qué puede hacer México en su contexto global y nacional.
  • ¿Qué ves a nivel global?
  • Informes, economistas y universidades consignan que existe un estancamiento en la economía global. Esencialmente se plantea que el dinero que antes se utilizaba para hacer ferrocarriles, negocios, empresas, caminos o industrias, hoy se concentra en instrumentos financieros que le generan bienestar exclusivamente a los bancos. No me refiero a los ahorros que tú o que cualquier persona común tiene en el banco. No, hablo de esas enormes fortunas que existen en todo el mundo y que han decidido dejar de invertir su dinero en el sector productivo. Por eso, tenemos que buscar alternativas a las tasas de interés que han demostrado que no son suficiente estímulo para las inversiones. Quizás debemos empezar el debate sobre la renta básica, como lo establece Gabriel Zaid, lo que significa es que cualquier persona, por el hecho de vivir, pueda recibir un ingreso mes tras mes. Es una idea que podría implementarse con cuidado, buscando maneras sustentables de financiarlo y eliminando aquellos efectos económicos negativos que podrían surgir.
  • Y a nivel país, ¿qué nos toca hacer?
  • De entrada, debemos cambiar dos paradigmas: en primer lugar construir el desarrollo a partir de las riquezas y condiciones de cada región, no buscando hacer homogéneo el desarrollo para todo el país. Es contradictorio que teniendo casi todos los climas del planeta, le apostemos a una agricultura pensada para grandes planicies con un sólo clima, un modelo importado de Estados Unidos. Creo que debemos construir agriculturas de pequeña escala, como Japón o Corea del Sur, con quienes compartimos muchas condiciones en cuanto a orografía y tradiciones agrícolas. Este tipo de economías han aumentado su productividad los últimos 20 años.

    En segundo lugar, es fundamental que comencemos a apreciar a la diversidad como el verdadero motor del país. Una variedad de climas significa variedad de cultivos y alimentos. Lo mismo aplica para la diversidad cultural, que puede transformarse en una gran cantidad de industrias creativas o turísticas. Otra área estratégica sería la energía. México tiene potencial de generar una gran cantidad de energías, a través de pequeñas industrias regionales que se alimenten en el desierto de energía solar, en las costas de energía producida a partir de algas, qué decir del potencial energético de los residuos orgánicos o la energía eólica y térmica.

Sonríe y agrega:
-No es imposible, no es un sueño, sólo basta ver cuáles son nuestros recursos, sacarles el máximo provecho posible. La diversidad sí es nuestra riqueza.

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Tapatío y Gestor Cultural. Interesado en los movimientos sociales, la Poesía, ciudades democráticas y nuevas maneras de entender y hacer la política. Diputado Independiente en Jalisco.