No basta con sacar al PRI

Las elecciones del domingo han dejado, aparte de sus tristezas, victorias, suspiros y mapachaje electoral, dos grandes ideas en los medios de comunicación y en la opinión pública que quisiera rebatir: “El papel de los independientes en estas elecciones fue desangelado” y, por otro lado, “El PAN está de regreso y es el gran vencedor de las elecciones del 5 de junio”. Estos dos mensajes son mentiras, se están repitiendo sin ton ni son por todo el país y deben ser puestos en su lugar.

No es inusual que los medios repliquen los comunicados de manera oficialista, haciendo una transcripción completa de los boletines escritos en las oficinas gubernamentales o partidistas. Esto es grave, pues las ideas que se comunican son para favorecer la percepción de una administración, de un partido o para apuntalar los intereses de grupos políticos. Decir que a los independientes les va mal y que al PAN le va bien es un ejemplo de estos mensajes desde el status quo.

Leo en muchos diarios que “a los independientes les fue mal en esta elección”. Qué frase tan reduccionista. ¿Hay algo que pueda aglutinar a las candidaturas independientes como para decir que a todas ellas les fue mal? Desde mi punto de vista, no. Las candidaturas independientes no son homogéneas ni persiguen las mismas propuestas, y tampoco defienden los mismos principios (en próximas columnas ahondaré en ello). Las diferencias entre ellas son muy claras y bastaría con recordar que en la Ciudad de México hubo candidaturas que repitieron los peores vicios de la partidocracia, pero también existieron candidaturas que buscaron innovar con ética, con plataformas virtuales o con programas que hoy no ocupan un espacio en la oferta política. Por eso, debemos decir no: los independientes no somos una colectividad política, tampoco somos un partido en ciernes, no hay acuerdo entre todos y, por eso, en todo caso perdieron algunas candidaturas, pero es falso que “los independientes” tuvimos un descalabro el domingo.

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Por otro lado debemos hablar sobre la mal llamada “victoria” del PAN. Lanzando campanas al vuelo, los medios consignaron una fiesta por la hazaña que se había presentado en diversas latitudes por el logro de sacar del gobierno estatal al PRI, diciendo que su presidente y su estructura de partido gozan de la fortaleza y los bríos para conquistar la presidencia de la República en el 2018. Qué alejadas de la realidad son estas afirmaciones.

Tenemos que recordar un poco de historia de los candidatos ganadores para poner un alto a la primer mentira: de los 7 candidatos que ganaron por el PAN, cuatro estuvieron afiliados al PRI en el pasado. Yunes Linares de Veracruz fue militante durante 35 años, Rosas Aispuro de Durango fue presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, Gali Fayad de Puebla militaba en el PRI en 2014, Joaquín González de Quintana Roo seguía militando en el PRI hasta febrero de este año. Si bien es cierto que hay casos relevantes y esperanzadores como el de Corral, también es justo decir que la victoria en Chihuahua es extraordinaria frente a las otras que tuvo el partido.

Además de los vínculos directos con el PRI, también hay que recordar que lo que a muchos nos aleja del “priismo” no son los colores, sino la manera de hacer la política gandalla, tramposa, para el beneficio personal. Estas prácticas estuvieron presentes en algunos de los candidatos azules: denuncias ante la FEPADE de apoyos de gobernadores, obtención de recursos ilícitos, actos anticipados de campaña, supuestos nexos con el crimen organizado, lavado de dinero, reembolsar fotomultas a cambio de votos, entre otros.

Por eso, no debemos caer en la simplificación de la política ni aceptar estos mensajes llenos de demagogia e intereses partidistas. Estas mentiras deben caer para evitar que se refuerce la idea que canta que por el simple hecho de sacar al PRI basta para llamarnos democracia.