Propósitos guajiros

Entre las “buenas noticias” del avance económico nacional, pese a la “devaluación competitiva” (o.O), y los pésimos escenarios sociales, ya no sé para dónde jalar el cacho de país que me cubre. Con estas circunstancias, sin duda es más fácil ponerse bajo una nube negra, pero llevo toda la vida ahí, y no es que haya perdido la esperanza que nunca tuve (soy hija de la eterna “crisis”), es que #yacholoconmisquejas y ¡estamos estrenando año!

Según todas las referencias, los mexicanos somos los que más propósitos de Año Nuevo hacemos. Esto según la empresa Randstad, que en 2013 midió nuestras ganas de “empezar de cero”.

#Yoconfieso que no me atraganto de uvas cada Noche Vieja, sobre todo porque me da mucha codencia pagarlas al triple y porque atesoro el recuerdo de muchos parientes, visitantes y gorrones en franca competencia por decir sus propósitos rapidito para comer más (siempre acababan sobrando dedos o propósitos, nunca uvas).

Y esos propósitos -que se repiten cada año, supongo, o ya seríamos otro país- son ¿adivinen?: tener dinero, hacer ejercicio/bajar de peso y ¡claro!, encontrar el amor (más bien parecen peticiones para los Santos Mirreyes).

 LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE ALMA DELIA FUENTES: LA INDEFENSIÓN FRENTE A UBER

Estrenar año nos da la sensación de “hoy voy a cambiar”, pero propósito y voluntad no son la misma cosa, así que los primeros se quedan regularmente en meras ganas, vencidas por las costumbres que nos dejaron con sobrepeso, pobres o sin amor.

Si la Mexico City hablara, supongo que nos diría sus propósitos, aunque más bien nos carga la factura de los mismos. Por ejemplo, parece que su primer propósito es aumentar el cobro de servicios (no mejorar su calidad, ¿ése no es propósito?), pero no hay que quejarse: son acordes a nuestra inflación minimísima y ya casi son tradición. Su segundo propósito imagino que será -una vez más- ser motherna y ver por dónde puede emperifollarse ya que el Corredor Chapultepec quedó en stand by. El tercero (y no van en orden de importancia) también es un clásico: más dinero. Para eso, además de aumentos, tenemos la novedosa fotomulta. Lástima que lo recaudado no sea sólo para las arcas citadinas: 46% será para Autotraffic, que nos garantiza (plop) 150 mil multas mínimas mensuales.

No crean que estoy en contra del reglamento. Soy feliz al ver a automovilistas y ciclistas muy atentos a las nuevas normas de convivencia vial, espero que también quieran ahorrar y no salir en la foto, aunque temo que ese propósito quede en el olvido frente al “mito” de las cinco mil multas diarias (“ya encontraremos la manera de dar mordida”).

Los expertos dicen que para tener propósitos exitosos hay que hacer planes concretos sobre cuándo y cómo cumplirlos. Por ejemplo, ¿qué pasaría si todos respetamos los máximos de velocidad? No hablo de librarse mágicamente de las multas, sino de tener la voluntad de cumplir el reglamento, digamos, durante el primer trimestre. Según yo, poco a poco y con voluntad, podríamos mejorar la vialidad citadina y de paso ahorrar, ¿o ando muy optimista?

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Periodista, trashumante y mamá. Viaja en #taxi y a veces se siente chofer de microbús.