“Protestas, a favor”, por @alexxxalmazan

El chilango ha llegado últimamente tarde a todo. Algunos perdieron el avión, otros quedaron varados en sus carros, el Metro ha estado más lleno que nunca y quienes viven, estudian o ganan plata por los rumbos de las protestas andan encabronados. Sé que es enfadoso. Vivo en el ombligo de las marchas y nadie me lo cuenta. Por eso mismo sé que, aun cuando las marchas dañen el derecho al libre tránsito, es el último camino civilizado. Y por eso mismo también sé que el problema no está en las calles: está en Los Pinos, en el Congreso y en la ley. En el caso de los maestros que han acampado en DF, su desprestigio ha aumentado a la misma velocidad que se les llama vándalos en la tele. Incluso algunos intelectuales, periodistas y defensores de derechos humanos han pedido el tolete. Es lo mismo que dijeron con los chavos del #YoSoy132. Es lo mismo que dijeron cuando López Obrador ordenó a sus seguidores a plantarse sobre Reforma. Es lo mismo que dicen cada vez que en esta capital de la protesta sale la gente harta de tanta pinche transa. Esta vez los maestros están sacándole pus a la ciudad porque la reforma educativa no tiene el menor interés de renovar los planes de estudios ni de aumentar la cobertura educativa. Los presupuestos raquíticos seguirán, los derechos laborales se irán a la basura y el corporativismo sindical engordará. Es cierto que en la CNTE también existe el charrismo, el corporativismo y la corrupción, y que no puede irse impune, pero también es cierto que hoy son los maestros quienes están dando la pelea en ese mundo donde el dinero manda, el Estado obedece y nosotros nos fregamos. Tal vez los chilangos deberíamos ser más pacientes con los maestros. Lo somos cuando el fútbol para el tráfico. Lo somos cuando el rock para el tráfico. Lo somos cuando un ejército al que no le creemos toma el zócalo para sus desfiles y para el tráfico. ¿Entonces por qué no serlo con las marchas de familiares de desaparecidos? ¿Por qué no serlo con la gente del campo que se queja de los malos subsidios y la especulación? ¿Por qué no serlo con el próximo contingente que traiga el pie del Estado encima del pescuezo? Hace unos días, el taxista que me llevó de malas al centro maldijo las marchas apenas nos quedamos parados en Eje Central. “De todos modos no les hacen caso”, repitió cada vez que se acordó de las manifestaciones que le han sacado canas. “Si usted perdiera su taxi por culpa del gobierno, ¿qué haría?”, le pregunté después de que sacó toda su ira. “Saldría a manifestarme”, respondió como resignado. “Los maestros no son unas santas palomas”, le dije, “Pero le puedo asegurar que esta reforma va a perjudicar más a los niños”. “No la chingue”, se quejó el viejo y prometió que se iba a informar. “Y prepárese ahora que la gente salga con eso de que quieren privatizar el petróleo”, le dije al bajar. No sé si se informará o si se preparará para las marchas que vienen. Lo que sí sé es que los chilangos deberíamos apoyar a los maestros y que, si no, al menos seguiremos teniéndole más fe al reporte de tránsito que a los pronósticos deportivos.

(ALEJANDRO ALMAZÁN)

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Ganó el Premio Gabriel García Márquez en 2013. Es tres veces Premio Nacional de Periodismo en Crónica. Autor de "Gumaro de Dios, el caníbal"; "Placa 36", "Entre perros", "El más buscado" y "Chicas Kaláshnikov y otras crónicas".