“¿Quién era Colosio?”, por @wilberttorre

Lunes de agosto, 1991. Instituto Electoral del DF.

–Puta madre, nos chingaron. Nos aplastaron.

–Me lleva la chingada. Aplastamos. Ya nos chingamos.

Eran las elecciones intermedias del régimen salinista. En el DF se encontraban dos mundos opuestos.

La oposición perredista perdía todo lo ganado 3 años antes.

El PRI ganaba todo lo perdido en el DF, en el 88.

Azorados, los priístas recibían las actas: ganaban todos los distritos y al hacerlo se metían un autogol más grande que aquel de Miguel Marín ante el América.

–Puta madre, ya nos chingamos. Aplastamos –dijo uno de los representantes del PRI–. Ganamos todas. Se chingó Ebrard.

Marcelo Ebrard ocupaba el número 1 en la lista de candidatos no electos por voto. Timorato, con la memoria del 88, el PRI había evitado que Ebrard, futuro líder en la Asamblea, corriera el riesgo de perder la votación.

En el 91 a los priístas se les pasó la mano. Aún por venir las reformas que despojaron al gobierno del control sobre las elecciones, el PRI arrasó y Ebrard no alcanzó un espacio en la lista de plurinominales. Se quedó fuera.

El PRI año 91, el partido de la reaceitada aplanadora electoral, era dirigido por Luis Donaldo Colosio.

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20 años después, entre personajes de la oposición hay un buen recuerdo de Colosio. A los 35 años llegó a la Cámara de Diputados y se acercó a Jorge Alcocer, Pablo Pascual Moncayo y Arturo Whaley, del PSUM y a los panistas Ricardo García Cervantes y Gabriel Jiménez Remus. Al grupo también se sumaron los priístas Santiago Oñate, Silvia Hernández, José Ángel Pescador, Beatriz Paredes y María Esther Sherman.

El singular grupo fue bautizado como el PRI-SUM.

“Teníamos diferencias políticas y debates fuertes a un muy buen nivel”, recuerda Alejandro Encinas. Con frecuencia al grupo se unían Heberto Castillo y Arnoldo Martínez Verdugo.

En Sedesol Colosio continuó tendiendo puentes. Construyó una plural red de contactos que incluyó un programa de acercamiento a ONG´S.

¿Quién era Colosio?

Colosio fue una creación de Salinas. Quizá tenía instinto, quizá tenía carisma, quizá tenía consciencia democrática. Pero Salinas lo llevó al PRI, lo llevó a la Sedesol y lo llevó a la candidatura.

Colosio se asumía como un salinista total. Hasta usaba un Casio igual al de Salinas.

Colosio era, como todos los hombres, un hombre con defectos y virtudes, con luces y sombras, de contradicciones. Un hombre que decía creer en la democracia y que aplastaba a sus rivales. Un candidato que rompió las reglas de su partido y vio un país que no querían ver los priístas. Un salinista que se acercaba a la izquierda. Un candidato que elevado al lugar soñado, vivía una pesadilla.

Tres días antes de morir llegó a la casa de uno de sus 3 mejores amigos, uno que un día le pidió quitarse el Casio de Salinas y le regaló un reloj suizo.

Colosio se derrumbó en un sillón y le dijo a su amigo:

–¿Por qué me hace esto el presidente Salinas?

Jamás sabremos qué le hizo el presidente Salinas, como jamás sabremos si Colosio había decidido una reforma del poder o estaba dispuesto a resolver los agravios y el país en un desierto de injusticia que le heredaba su partido.

¿Quién era Colosio?

Colosio es uno de esos mitos que nos fascinan a los mexicanos.

Colosio es la conversión posible de todo lo que no fue.

El héroe de un partido de villanos.

El primer muerto antes de que el país se jodiera.

Ahora ni eso tenemos. Se acabaron los mitos.

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(WILBERT TORRE / @wilberttorre)