Sigue la cocaína

Es raro diciembre. Raro por el hecho de que concuerden en algo un guerrillero de cepa como el presidente de Uruguay, José Mujica, y un kaibil como el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina. Desde sus respectivos puntos de vista ideológicos extremamente contradictorios, ambos buscan que la marihuana se venda y se consuma de manera legal en sus países, y están actuando en consecuencia en sus respectivas áreas de influencia. Varios especialistas lo advierten ya: el régimen de prohibición de la marihuana tiene los años contados. En México, en menos de una década la encontraremos en los Oxxo’s, como lo auguró el locuaz Vicente Fox desde su limbo ideológico.

Algo interesante de la despenalización de la marihuana es que al fin se mira el problema de las drogas ilegales desde una perspectiva latinoamericana propia y no bajo los anteojos de la DEA, dependencia estadounidense que ha perdido la influencia de antaño en la región. Salvo en México durante el gobierno de Felipe Calderón, Estados Unidos ya no puede tratar tan fácilmente a los presidentes latinoamericanos como sus inspectores policiacos en territorios remotos y salvajes. El modelo de guerra contra las drogas que se activó en México durante el sexenio pasado, aunque al principio ayudó al expresidente Calderón a resolver su crisis de gobernabilidad, era un sinsentido: la vanguardia internacional busca regular económicamente los mercados negros y establecer políticas públicas de salud radicales para combatir la adicción, no producir máquinas de guerra y muerte.

Pero a la par de la marihuana, el mercado negro de las drogas lo encabeza la cocaína, que en los treinta, cuando era legal, se ofrecía como una “forma inofensiva de curar la tristeza”. Ese remedio feliz resulta hoy un estimulante ad hoc con los tiempos tan veloces y de ansiedad cotidiana en los que el dinero está en el centro de la vida. Una frase de Robbie Williams resume esta sensación: “La cocaína es el modo que Dios ha inventado para decirte que tienes demasiado dinero”.Carlos Ledher, traficante colombiano y socio de Pablo Escobar en Tranquilandia -uno de los mayores centros de producción de cocaína que han existido- intentó convertir en los ochenta a la cocaína en un arma revolucionaria contra el imperialismo norteamericano. “El talón de Aquiles del Imperialismo son los estimulantes colombianos”, decía Ledher, quien propuso a dirigentes guerrilleros de diversos países establecer una conspiración rebelde contra el enemigo en común a partir de la cocaína. Hoy Ledher está preso en una cárcel de Florida y Estados Unidos sigue siendo el país más cocainómano del mundo.

La ciudad más rica de América Latina está en el noreste de México y se llama San Pedro Garza García, donde la cocaína es una droga que suele consumirse en grandes cantidades desde hace tiempo. En 2010 la mafia local tuvo la idea era extender masivamente su consumo a las menos prósperas ciudades vecinas del área metropolitana de Monterrey, en las que la marihuana es la droga ilegal más consumida. Durante ese periodo, en el Barrio Antiguo de la capital de Nuevo León se castigaba con pena de muerte a vendedores de marihuana. Una noche un comando irrumpió en el Garage, un bar en el que se reunía la pequeña comunidad hipster de una tierra de vaqueros. Al entrar, un pistolero mostró su arma y gritó: “Ahora sí, pinches raritos, se los va a llevar la chingada”. Los mafiosos se llevaron a un par de jóvenes que compartían su marihuana con los demás clientes del lugar. No eran vendedores en forma, pero aún así fueron “detenidos”, bajo la acusación de comerciar mariguana en una zona de la ciudad donde sólo debía haber cabida para la cocaína. Un amigo de estos chicos me contó que ambos aparecieron semanas después descuartizados. El proyecto económico para expandir el reino de la cocaína no duró mucho. Hoy en esa desgarrada zona de Monterrey ni siquiera hay suficiente ánimo para vender alcohol, aunque por fortuna sí lo hay para plantear otro tipo de iniciativas comunitarias.

Es raro diciembre. En medio de estas celebraciones navideñas vemos cómo la marihuana une los extremos ideológicos de Pérez Molina en Guatemala y Mújica en Uruguay.

Y sabemos que comenzará un nuevo año. En ese 2014, con el camino ya despejado para la regulación de la mariguana, es probable que inicie ahora una lenta cuenta regresiva para la despenalización de la cocaína.

BENGALAS

1- Al Capone ha muerto, Pablo Escobar ha muerto… La era de El Padrino se ha terminado… Mario Puzo estableció el retrato universal de la mafia como una aristocracia emergente y callejera con códigos morales inamovibles, pero el mundo de la mafia de hoy no tiene mucho que ver con eso. Ahora cuando se habla de mafia, tanto en Italia como en México, estamos ante empresarios pragmáticos desprovistos de poesía alguna y sometidos a las leyes del mercado. Roberto Saviano escribió Gomorra, un gran libro precisamente porque mantiene este espíritu y relata con buena prosa una región mafiosa de Italia en el mundo hiper-capitalista. Por eso la expectativa ante la próxima publicación en español de su libro más reciente: Cero Cero Cero, donde se aborda el mundo de la cocaína.

2- Los marcianos coqueros es uno los narcocorridos más interesantes que he escuchado. Y el video de la canción no tiene desperdicio alguno.

(DIEGO ENRIQUE OSORNO / @diegoeosorno)

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Testigo y narrador de conflictos del primer cuarto del siglo XXI en México y otros países. Su más reciente libro es Slim (Debate, 2015). Participó en la Comisión de la Verdad de Oaxaca que investigó y consignó a funcionarios por ejecuciones extrajudiciales y actos de tortura. Cofundador de agenciabengala.com.