“Un mundo sin héroes”, por @lucianopascoe

Hace varios años asistí al funeral de Aurora Boreal, mujer que creó Gustavo Prado y que comenzó a ser reconocida y aplaudida, al punto que su creador decidió que era imposible seguir viviendo a la sombra de su alter ego y decidió asesinarla, para siempre y sin piedad, en un funeral que fue un evento artístico y conceptual. Era el final de una heroína, y el regreso de un hombre.

Siempre los héroes son una versión potente y encapuchada de alguien. Todos tienen una vida cotidiana y una súper vida. Pero al final todos los héroes terminan secuestrados por sus personajes y por sus expectativas. Hasta sus propios creadores. Así es como muchos héroes han sido asesinados, desde Superman hasta Batman y es que no es tan fácil asesinar a un héroe, porque siempre con él morimos nosotros un poco.

Pero los héroes no siempre combaten al crimen. Los héroes reales nos ayudan a  luchar contra nosotros mismos, nuestros miedos, contra las injusticias de la vida cotidiana, contra nuestras mezquindades profundas.

Esta semana asistimos a la muerte del que fue héroe de muchos de nosotros. Sebastián Guillen Vicente mató al subcomandante Marcos, y lo hizo como sólo él sabe hacerlo: mal, lento y sin sentido.

Marcos había devorado a Sebastián, quien evidentemente ya lo despreciaba, tanto que lo llamó botarga, una botarga que no le cumplió a Chiapas y a la lucha, tampoco le cumplió a su gente, pero aún más grave, no le cumplió a su creador y así decidió deshacerse de él.

En realidad Marcos está muerto hace años, porque no logró trascender y responder a un reto histórico de este país: el combate frontal (con o sin capucha) a la honda desigualdad mexicana, la desigualdad económica y educativa, la desigualdad de derechos, la desigualdad en oportunidades.

Encabezados por Marcos y desde su ‘triunfo’ los zapatistas llevan 15 años atrapados en su incompetencia operativa, no hicieron nada con la zona que controlan y gobiernan de lo que dijeron que harían. No generaron una economía comunitaria competitiva o medianamente exitosa, no transformaron la educación de la zona, ni siquiera resolvieron el problema de la inseguridad en su región.

Hoy los chiapanecos que ellos gobiernan son pobres, tan pobres como antes de la llegada de su héroe.

En lo social, el héroe Marcos, dejó de serlo para casi todos nosotros y se convirtió en una voz de nostalgia, de un pasado que prometía libertad, igualdad e integración, pero que ahora es totalmente irrelevante.

Las nuevas generaciones les tiene sin cuidado quién es Marcos, cómo viven los indígenas mexicanos, y peor aún, ven con fastidio el movimiento social organizado.

Recuerdo ese momento cuando Prince (ícono de los 80’s) también trató de asesinar al personaje rebautizándolo en un símbolo impronunciable. Pero Prince no ha logrado dejar de ser Prince, como Marcos no dejará nunca de ser Marcos. El recién nombrado Galeano no tendrá escapatoria de la sombra de Marcos y no podrá huir de lo que ese personaje hizo y no hizo en estos 20 años.

Lo que si está claro, es que con la creación del subcomandante Galeano termina un ciclo de nuestra historia reciente.

Mal haríamos en pensar que ese 1 de enero de 1994 no cambio nada. Cambio mucho. Pero al mismo tiempo que nació el héroe Marcos, perdimos la fuerza de su alter ego: los indígenas.

El hombre que muere con Marcos ya no tenía mucho más que aportar, como tampoco lo tendrá Galeano.

Olvidadas, pobres y solas están nuestras comunidades indígenas en todo el país, esperando que como nación, como sociedad seamos capaces de mirarlos e incluirlos, esta vez sin héroes, sin capuchas, y sin balas.

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 (LUCIANO PASCOE RIPPEY / @lucianopascoe)