Detrás de la pista: los corredores nunca están solos

El último día de agosto se vivió de madrugada. La emoción le robó el sueño a miles de personas quienes se reunieron desde muy temprano en la tumba que homenajea al ex presidente Benito Juárez; la meta: demostrar que vencerse a sí mismo no tiene hora.

De entre las penumbras salieron cuerpos sin rostro, hipnotizados por los nervios que anteceden la batalla.

Las estaciones del metro escupían gente que se arremolinaba en avenida Juárez para obtener primera fila y observar la competencia.

El abrazo solidario antes de la partida, los consejos para la guerra, la selfie del recuerdo, las fotos familiares previas al triunfo personal, la mirada decidida y el objetivo en mente, con estos elementos arrancó la XXXII edición del Maratón de la Ciudad de México.

El clima amenazaba, ligeras gotas caían sobre los rostros de los expectantes, pero al ritmo de matracas, los aplausos y gritos no callaron.

El Himno Nacional fue entonado con enjundia. Pese a la lluvia la banda sonora tampoco cesó. La emoción reinó: público y competidores se hicieron uno.

A las 7:15 de la mañana comenzó el conteo. Díez, nueve, ocho, siete, seis. La lluvia cayó con rabia. Amenazante y constante no pudo más que los gritos de aliento, las banderas mexicanas ondearon empapadas, las cornetas y los paraguas dominaron.

Desde las tribunas vieron pasar uno a uno a todos los corredores. Fieles a ellos esperaron hasta que el último arrancara del punto de partida.

“¡Vamos! ¡Tú puedes! ¡Nos vemos en CU!”, gritaban en apoyo. Aquí no importaron los nombres, todos iban a la misma meta.

DESDE IZCALLI

El alba no estaba ni cerca cuando la familia García Fuentes se levantó este domingo. Desde las tres de la mañana se alistaron; Josué con su ropa deportiva, Yasmín, su esposa, y Mateo, su hijo de 6 años, con los carteles que habían preparado un día anterior. No era un domingo cualquiera.

Hace un año a la mamá de Josué le detectaron cáncer. De hospital tras hospital Josué luchó de la mano de su progenitora contra la enfermedad, no la vencieron. Después de este acontecimiento Josué comenzó a correr, su primer maratón va por ella.

Dos horas de camino, una logística preestablecida y el orgullo por delante los llevaron hasta las faldas del Hemiciclo a Juárez. Los carteles arriba, Josué eran todos. Cientos de personas siguieron sus pasos, sus hazañas, en diversos puntos de la ruta del maratón. Paseo de la Reforma uno de los más concurridos, sin contratiempos viales, ya acostumbrados los conductores al domingo en bici.

EL ALIENTO NUNCA TERMINÓ

Al ritmo del violín de Fernando se sentía la marcha en el concreto. Este violinista principiante animó el paso de los corredores. A su lado los aficionados no contenían las lágrimas, las notas y los pasos dominaron su emoción.

Ya en avenida Chapultepec muchos despistados, retornaban al metro Sevilla al percatarse de que no era un domingo cualquiera y que las vialidades estaban interrumpidas.

Insurgentes por primera vez desde hace nueve años sin Metrobús, poblado de transeúntes quienes se detenían para animar a los corredores. A los 35 kilómetros recorridos, vecinos de esta vialidad se acercaban a los participantes para ofrecerles naranjas, vasos con agua e impulsarlos a llegar a la meta. “Son sólo 7 kilómetros más, no te rindas”.

CÓRRELE PORQUE YA CASI LLEGAN

“Los vimos pasar en el Ángel de la Independencia, vamos corriendo para recibirlos en Ciudad Universitaria, se nos olvidó lo del metrobús y vamos en búsqueda de un metro o taxi que nos acerque. Es que ya casi llegan”, expresa Anuar Malcón quien viene siguiendo desde Paya del Carmen a cinco competidores de Quintana Roo.

Tres horas después de que estaban en el Hemiciclo a Juárez, Anuar y su hermano, se organizan con otros alentadores para llegar a CU, alguien les dice que a ocho cuadras del Estadio Azul tienen un coche y que “en donde caben 5, caben 7”.

LA META

Este domingo de fin de agosto no hubo Goyas en el Estadio Olímpico de ciudad Universitaria. En esta ocasión los cambiaron por los “¡Ya llegaste! ¡Unos pasos más! ¡Eres un campeón!”, aplausos y gritos. La meta ya estaba ahí junto con todos los espectadores que, como pudieron, siguieron los pasos de los corredores.

42.195 kilómetros recorridos. Más de siete horas de competencia. Las tribunas del Estadio se vaciaron hasta el último momento, nunca dejaron a sus competidores solos.

(ALEJANDRA CRAIL)