“Incorruptibles ‘damitas’ de Eruviel”, por @salcamarena

El lunes pasado el gobernador del Estado de México Eruviel Ávila presentó el reglamento único de tránsito para esa entidad. El mandatario explicó que se trata de normas que están pensadas para estar del “lado del ciudadano” y que con él se emprende una gran cruzada (esa palabrita, esa palabrita…) contra la corrupción.

Una de las medidas que más se han destacado de la nueva normatividad es que solo mujeres, uniformadas y acreditadas, podrán imponer multas de tránsito. ¿Por qué? Porque se supone que son menos corruptas.

No sé ustedes, pero cuando al conducir un auto entro a territorio mexiquense (lo cual puede ocurrir sin que uno se dé cuenta), se me disparan las alertas ante la noción de que en el Edomex los policías son “más bravos” por lo que buscarán cualquier pretexto, real o inventado, para intentar pedir dinero con la amenaza de una multa.

Mi íntima percepción de que en el Edomex los policías de tránsito son más corruptos que en el Distrito Federal puede ser equivocada, pero eso no daña a nadie. Al contrario, me hará conducir con mayor apego a las reglas. Pero basar una medida anticorrupción en la creencia de que las mujeres son menos corruptas me genera dudas sobre si esta medida no dañará para empezar, ni más ni menos que, a las mujeres.

La percepción existe. Un ejemplo: en el estudio Political Culture of Democracy 2012 se expone que en América Latina a la pregunta de quién es más corrupto como líder político, 31% contestaron que los hombres y solo 4.8% que las mujeres. Sin embargo, un contudente 64% contestó que son igualmente corruptos.

Pero el problema no es la creencia de que las mujeres son menos corruptas, sino si estamos ante una política o ante una ocurrencia. Hay un antecedente metropolitano que nos puede ayudar a analizar.

En el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se lanzó el Programa de Coordinaciones Territoriales de Seguridad Pública y Procuración de Justicia. Se dividió al Distrito Federal en 70 territorios, donde había un comandante judicial, un juzgado cívico, un ministerio público, un jefe sectorial de la policía.

Y al frente de cada coordinación estaba una mujer representando a, y con acceso con, el jefe de gobierno. En otras palabras, para privilegiar la noción de que las mujeres son menos corruptas, se dieron a estas 70 representantes atribuciones de alto nivel sobre funcionarios de la administración. En vez de ponerlas al final de la línea, se les dio visibilidad y poder para que la ciudadanía también tuviera claro a quién recurrir en caso de problemas con la administración de justicia de su zona. En este ejemplo se potenciaba la percepción de menos corruptibilidad al empoderar a las mujeres, no al usarlas de porteros, como última barrera ante el gol “pal chesco”.

Otro elemento para analizar es el contexto de congruencia de las políticas que se emprenden. Contrasten el gabinete de AMLO en el DF; entre otros puestos, las mujeres ocupaban Turismo (Julieta Campos), Contraloría (Bertha Luján), Desarrollo Social (Raquel Sosa), Seduvi (Laura Itzel Castillo), Medio Ambiente (Claudia Sheinbaum), Salud (Asa Cristina Laurell), Consejería Jurídica (María Estela Ríos), Metro (Florencia Serranía) y DIF

¿Cuántas mujeres tenían nivel de Secretaría con Eruviel al arranque de su sexenio? Si quitamos al DIF, dos.

Mucho me temo que la medida de Eruviel es populista y está mal planteada. Cuando leí la información sobre la utilización exclusivamente de mujeres de tránsito no puedo evitar sentir lo mismo que cuando alguien dice “damita”: esa supuesta deferencia siempre esconde una humillación. Ojalá me equivoque.

¡Anímate y opina!

*Periodista, colaborador de El Pais, columnista en La Razón y sinembargo.mx

(SALVADOR CAMARENA)