Los Supercívicos, héroes urbanos para una ciudad caótica

El año es 2006. Arturo Hernández, un ex VJ de MTV Latinoamérica, viaja en su auto. Va acompañado por un amigo. Los dos se salvan de tener un accidente; “no quedó más que en las clásicas mentadas de madre”.

“Cómo me gustaría tener un coche que fuera como una patrulla que detuviera a los autos que estuvieran mal parados…”, dice su amigo. Arturo lo piensa. La idea, en principio, parece demasiado radical, pero al mismo tiempo sabe que es una buena propuesta.

La siguiente escena tiene lugar en Iztapalapa: “Compré un Valiant Duster 1969, lo modifiqué, le pusimos varias bocinas en la cajuela y empezamos a jugar como si fuéramos una patrulla (sin cámaras ni nada). De ahí surgió la idea de utilizar la comedia para cambiar las cosas”.

Crearon un piloto que llamó la atención de TV Azteca. Después se fueron a MVS y ahora están en internet, el verdadero hogar de Los Supercívicos. Arturo se dio cuenta de que el proyecto tenía un mayor efecto en redes sociales que en televisión, medio en el que fue víctima de muchos bloqueos.

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LOS SÚPERSHERIFFS DE LA CIUDAD DE MÉXICO

Nueve años después, el programa ya es un éxito. Son una especie de justicieros urbanos que luchan todos los días por defender las normas de convivencia y civilidad en la capital de México (casi siempre en la delegación Benito Juárez, territorio en donde vive Hernández). Junto a Arturo “El Comandante” Hernández, están Alex Marín y Kall (también conocido como “El Brigadier” Esewey) y Benjamín “Cizaña” Macías.

Hoy, con un calor parecido al viejo oeste, los tres deciden salir a las calles de la Ciudad de México, esta vez para combatir como buenos vaqueros a los tenderos que venden bebidas alcohólicas a menores de edad. Vestidos con sombrero, botas, chaleco y pantalones, Los Supercívicos se unen con Rubén Rodrigo Rodríguez, para que les ayude a lazar uno que otro buey que pueda estarse saliendo del huacal.

“Tenemos dos tipos de grabaciones: unas son planeadas, donde hay una un grupo de personas detrás, y los otros donde sólo soy yo como un ciudadano. Así tratamos de inculcar el uso del celular para hacer denuncias”, cuenta “El Comandante”.

Ahora, ya con el proyecto consolidado, Arturo recuerda los inicios: “La parte más difícil (que fueron las primeras grabaciones con celular) ya se logró, porque eran esas donde estaba más expuesto. Ahora ya tengo algunas ventajas: que es parte de mi trabajo, que lo que voy a subir me va a generar un beneficio, y que la gente ya me reconoce y también empieza a grabar. Y en ese sentido me siento más protegido”.

SUS ARMAS: LA JUSTICIA Y LA COMEDIA

Arturo se siente orgulloso por el cambio que poco a poco ha ido generando desde que se creó el programa: “Lo mejor que le ha pasado a la gente, y lo ha habido, es aceptar su error y quedan muy bien ante la cámara. Como el señor que aceptó que le vendió una cerveza a un menor y a partir de esa experiencia la va a pensar dos veces antes de venderlas. Ese es nuestro fin, que ese hombre ya no le venda bebidas alcohólicas a un menor de edad”.

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“Si hoy hubiéramos hecho lo mismo sin ir disfrazados, no hubiera tenido la misma fuerza. En cambio si ya te vas vestido de vaquero y hablas con un acento norteño, las historias son más llevaderas y rompes con un esquema que también te protege. En el momento en que tú te pones un personaje te da más licencia de hacer las cosas y te sientes más a gusto”, cuenta “El Comandante”.

Pero el trabajo va más allá de las caracterizaciones. De acuerdo con “El Cizaña”, “Los Supercívicos no sólo son los disfraces, sino que hay un guion y una producción. Tampoco está nada planeado, somos personas que no nos préstamos a ningún montaje como lo hacen muchos con tal de sacar el trabajo, porque nosotros estamos en la cuerda floja de que cualquier cosa anticívica que hagamos nos cuesta la carrera”.

“EN MÉXICO EL MODO DE VIDA ES CHINGARTE O QUE TE CHINGUEN”

Al preguntarles cómo ven a la Ciudad de México, en contraste con otras partes del país e incluso del extranjero, Esewey dice: “En Monterrey manejan de la chingada, son más rudos en la vialidad. En Guadalajara no son tan salvajes, pero tampoco son tan civilizados. En general, los mexicanos no tenemos una educación cívica y no sabemos vivir en comunidad”.

“Pero la parte buena es que la Ciudad de México esta floreciendo de una manera muy benéfica, mientras que otras ciudades del mundo están pasando por una crisis. Por ejemplo, las manifestaciones culturales que desde hace 10 años para acá se vuelven más atractivas. La ciudad está creciendo en diversidad, oferta, entretenimiento, en color, cultura y es algo que disfruto de vivir en ella”.

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Mientras que lo que más le gusta a Arturo de la capital son sus historias “porque emergen de cada rincón, si abres los ojos hay vida por todos lados. Son lo que más me apasiona, además de que es muy surrealista, eso me enorgullece. Esas cuestiones que nadie provocó y que surgieron de la naturaleza, eso es lo que te da el DF. Lo que no me gusta es que somos tantos y que cada quien está velando por sus intereses y usan esa frase de si yo no chingo, me van a chingar, ese concepto es el que nos destruye”.

LO QUE VIENE PARA LOS SUPERCÍVICOS

Mientras tanto, el futuro de Los Supercívicos luce brillante. “Nos encantaría colaborar con Damián Alcázar, Denise Dresser y Regina Orozco. Lo que pasa es que tenemos que crecer un poco más en muchos sentidos: madurar nuestra plataforma, nuestra organización y ello necesita recursos y lo que estamos haciendo ahora es generar un Supercívicos más potente y más fuerte desde la base de la ejecución”.

Aunque no descartan la integración de nuevos miembros, al mismo tiempo descartan a quienes no les gustaría tener en a su lado, principalmente por las malas acciones que han cometido, por ejemplo: “No nos gustaría tener a toda la gente que tuiteo a favor del Partido Verde, eso es totalmente anticívico y por automático están desechados. Vamos a agarrar a personalidades que sean consecuentes con el tema, pero el abanico no sólo debe incluir a Damián Alcázar o Regina Orozco, sino también a Diego Luna o Gael García que son contestatarios o hasta Ana Gabriela Guevara, todo con base en la creatividad”.

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Todos tenemos sueños en la vida y el de Hernández “es hacer cine, sin embargo, los caminos de la vida me han llevado hacia la conducción y ahorita estoy en una etapa en la que me gustaría echarle otros dos años a este proyecto y no abandonarlo, sino que en algún determinado momento pasar la estafeta a nuevas caras y que en un momento ya no sea el Comandante ni Esewey, sino que sean otras personas”.

Lo que buscan Los Supercívicos, no solo es mostrar que son buenos ciudadanos, sino más bien desean que “la gente se divierta y al mismo tiempo aprenda a ser cívica. El chiste es que cuando vean la cápsula queden enterados y se den cuenta de qué están haciendo mal. Porque no se trata de señalar al que hace cosas indebidas, sino demostrar que así como él hay muchos que no hacemos bien las cosas y hay que corregirlo”.

El éxito ha sido enorme y gracias al crecimiento que han tenido Los Supercívicos, en unos días partirán a Washington D.C., donde estarán con organizaciones como el Banco Interamericano de Desarrollo, que en conjunto brindarán una serie de ponencias sobre las Ciudades Emergentes. “Es increíble porque somos un proyecto mexicano y queremos replicarlo por todo el mundo… Porque Los Supercívicos se trata te abrir los ojos a la ciudadanía; demostrar que si el gobierno no lo hace, lo hacemos nosotros y podemos lograrlo”, explica Hernández.

(Fotos: Lulú Urdapilleta)

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Estudié la carrera en Comunicación y Periodismo en la FES Aragón. He realizado prácticas profesionales en TV Azteca y en Canal del Congreso. También he participado en pequeños programas de radio y televisión por internet. Actualmente, trabajo mi proyecto de titulación y colaboro para Máspormás.