Democracia en tiempos de crisis

Hay obras de teatro de las que no puedes salir impávido, que te mueven tanto que, incluso, hasta ahogan tus primeras palabras. Tijuana, de Lagartijas Tiradas al Sol, es una de ellas. Tenía mucho tiempo que no me sentía así y veía un trabajo tan completo en todos los sentidos: actuación, dirección, dispositivo escénico y, más aún, contenido; con preocupaciones estéticas y políticas tejidas finamente.

El ejercicio relata la experiencia de Gabino Rodríguez ―fundador de este colectivo junto Luisa Pardo― quien, con una identidad falsa, vivió durante seis meses con el salario mínimo como trabajador de una fábrica en Tijuana. La renta de un cuarto, comida y transporte, tan sólo le dejaban para él 20 pesos al día. Veinte pesos que para muchos de nosotros no significan nada, pero que para una persona ―de ese otro México―, pueden significar un necesario respiro: un helado o una cerveza el fin de semana. La ley considera a la gente que gana el salario mínimo y tiene un dependiente económico (porque, sí, también hay familias que tienen que sobrevivir con eso) como gente en pobreza extrema. ¿Cómo es que una ley así, que excluye a tantas personas, puede estar en la constitución?, ¿por qué hay gente que sobrevive con eso y políticos que gastan hasta siete mil al día?, ¿y nosotros qué realidad vemos?, ¿es eso la democracia?

Las preguntas no dejan de surgir. Gabino (y su personaje Santiago Ramírez) ponen en el escenario una realidad que te da cachetadas. Si bien pueden ser realidades que, de alguna manera, “sabemos”, verlas así, desde esta perspectiva, avasallan y te cuestionan sobre tu propio lugar en todo este complejo mosaico llamado México.

Tijuana forma parte del proyecto “La democracia en México”, una serie de 32 piezas (una por cada estado de la República) que indagan sobre este concepto desde una perspectiva social, histórica y artística, y la forma en la que nos relacionamos con él, porque no es lo mismo vivirlo en la ciudad a hacerlo en Veracruz o Sinaloa. Este fin estará Santiago Amoukalli, pieza sobre una comunidad de la sierra de Puebla que habla náhuatl y a quienes los gobiernos sólo se les acercan con un objetivo: compra de votos. ¿Parecido a la realidad?