La vida cotidiana a través de los dibujos de María Luque

María es una chica argentina que se describe como dibujante. Parece tranquila y amigable, a la que no le molestan las etiquetas, tanto que en los títulos de sus obras mezcla situaciones. Visitó nuestro país como parte de de Global Residency, un proyecto de Pictoline

Parece que estaba destinada a ser dibujante, pues una anécdota familiar la llevó a publicar su primera novela gráfica, La mano del pintor. La historia es sobre su tatarabuelo Teodosio, quien “era estudiante de Medicina al mismo tiempo que estalló la guerra de Paraguay —cuenta María—. No había muchos médicos y a todos los estudiantes de Medicina los mandaban a apoyar a los soldados heridos. En una batalla muy cruenta, que es la de Curupaytí, Teodosio tiene que atender a un soldado herido y, para salvarle la vida, tiene que amputarle el brazo. Resultó ser que era Cándido López, un pintor que también fue enviado a la guerra. En ese tiempo hizo bocetos, pero perdió la mano con la que pintaba. Durante año y medio entrenó su mano izquierda y, de los 90 bocetos que había hecho, logró hacer en óleo 50. En el libro, el fantasma de Cándido me quiere enseñar a pintar como él para que yo termine su obra inconclusa. Nos hacemos amigos y me cuenta cómo fue la guerra. La historia pasó de generación en generación: mi papá me la contó y a él, mi abuelo…”.

María es una chica delgada con cabello corto y rizado, cuenta que el color rojo le encanta, lo que explica sus grandes anteojos y su blusa de ese color: “Se me terminan primero los lápices y las pinturas rojas. Es un color que no puede faltar nunca en un dibujo. No le encuentro alguna explicación lógica y siempre que pasa eso le echo la culpa a una cuestión esotérica. Por otro lado, hay un color que no me gusta nada y siento que se me eriza la piel, como algo muy corporal: el lila. Lo veo y me da escalofrío”. En ocasiones, cuenta María, primero piensa en el color y después en la idea del dibujo, “a partir de ahí todo lo que hay dentro se va acomodando”.

Dibujar es su pasión desde que era niña y, mientras todos sus amigos dejaron de pintar con la edad, ella continuó retratando la vida con colores. Las obras de María tienen, en su mayoría, mujeres. La razón es porque es algo que domina: “Si pinto muchas chicas es porque yo soy una mujer y es lo que más conozco, mi propia experiencia. Muchas veces en mis trabajos suelo aparecer sólo yo, me cuesta desligarme de mis propias vivencias. Aunque también hay veces que son otras mujeres las que aparecen o son cosas que veo que les pasan a mis amigas o chicas que tengo cerca”.

¿Qué tomas en cuenta al dibujar?

“Sueños. También llevo un diario donde escribo pedacitos de conversaciones que tuve o cosas que leo en la calle. Me gusta mucho dibujar en espacios públicos, de ahí parten muchos dibujos, de algo que haya visto. Es bastante azaroso, en ese sentido”.

María acomoda su cabello mientras cuenta que las personas piensan que es tierna cuando la ven pintar, lo que le provoca una sonrisa: “Les llama la atención ver a un adulto haciendo eso que no es muy habitual. Muchas veces se ríen o tienen miedo de que los dibujes: les parece intimidante, como cuando alguien te apunta con una cámara. Las personas se ponen un poco nerviosas de que vayas a hacerlas más feas, con el pelo más rizado, como que se ve que a muchas les molesta”.

¿Y qué más te inspira?

“Me gusta mucho la historia del arte, y la vida de los artistas que admiro me llama mucho la atención. Siempre me gusta incorporar ya sea las obras de otros artistas en mis dibujos o pensar cómo era la vida de esa persona, imaginarme a Tracey Emin desnuda sobre el piso, rodeada de pintura haciendo un performance”.

¿Tus dibujos tienen algún fin de protesta?

“No me pongo mucho a pensar, pero obviamente siempre hay un mensaje o algo atrás. Muchas veces son situaciones simples por las que todos pasamos y probablemente lo vincules con algo que te está ocurriendo. Me gusta pensar en ellos como una especie de registro de momentos muy efímeros o momentos del día que pasan desapercibidos. No hago temas muy específicos ni me pongo mucho a pensar en el significado. Hace unas semanas hubo todo un revuelo porque unas chicas posaron desnudas en una playa, fueron un montón de policías a buscarlas, una cosa ridícula. Yo siempre dibujo gente desnuda, me encanta. Y ese día hice un dibujo de mí desnuda,  diciendo que me parece muy tonto y básico porque todas las personas que conozco tienen tetas. Es increíble que pasen ese tipo de cosas”.

Risueña y con una voz amable, María cuenta que no le gusta ilustrar. “Es una palabra que es como el lila: me da escalofrío. A todo lo llamo dibujo: ya sea una historieta, una pintura, una ilustración por encargo. Nunca diría que uno de mis dibujos es una ilustración. Dibujo es una palabra hermosa y engloba todo, siento que no necesito otra palabra para describir lo que hago”.

(Fotos: Lulú Urdapilleta y cortesía)