Otra de taqueros: Don Miguel

Antes de continuar: asegúrense de no tener nada que hacer al terminar de leer esta nota. Esta nota es un llamado a la acción. Requiere dejarlo todo al menos una hora entre las 9 y las 16 horas de hoy viernes. ¿Ya? Bien.

Brillat-Savarin murió de pulmonía al principio de 1826. Poco antes, en diciembre de 1825, había publicado un libro de comida, la Physiologie du goût. Lo escribió con ganas de posteridad, como quien sabe que lo van a citar o como quien ruega ser citado. En las primeras páginas está este aforismo: “El descubrimiento de un plato nuevo hace más por la dicha de la humanidad que el descubrimiento de una estrella” Es, por supuesto, una exageración.

Pero esperen: rara vez descubrimos no un plato sino un taquero en verdad nuevo bajo el sol. Don Miguel es ese taquero. Su taquería se llama La Hortaliza (José Vasconcelos 48, en la zona del metro Chapultepec; de 9 a 16 horas). Alguien no demasiado atento diría: La Hortaliza ha visto mejores tiempos. El letrero ya no tiene algunas letras; la pared del fondo acumula cochambre; a don Miguel mismo lo han trabajado los años, como a estas manos con que tecleo. Pero esperen: sus guisados son de una absoluta novedad. Hay dos en especial: un chicharrón prensado picante, graso, redondo, complejísimo; y un chile relleno. Me retracto: no es un chile relleno: es El Chile Relleno; es un chile ancho, seco, rehidratado, capeado, relleno de queso; viene con un caldillo imposiblemente sápido, de una densidad que no podría expresarse con esta fórmula:

p=m/V

La Hortaliza no ha visto mejores tiempos. Este instante que se escapa es su tiempo mejor. La novedad de don Miguel no es cuestión de meses o años: es la elusiva novedad de lo perfecto.

Listo. Dejen todo y vayan ahora mismo. No tienen que agradecerme: el descubrimiento de un taquero nuevo hace más por la dicha de la humanidad que el descubrimiento de una estrella.