#columna | Sueños peligrosos

Últimamente prefiero dormir a estar despierto. Todo es más fácil ahí: si necesito volar, vuelo; puedo escoger el lugar en el que quiero estar; todo huele a nuevo; ¿quiero ser un futbolista?, perfecto, mis dos pies izquierdos y mi condición de un hombre de 60 años no son problema; y al final, si algo sale mal, lo mejor es que sé que eventualmente se va a terminar. El problema empezó cuando leí el Tratado de las espirales, de Víctor Roberto Carrancá, y es que en este libro habla sobre lo vulnerables que nos vuelven los sueños.

La historia, por resumirla en unas cuantas palabras, trata sobre esto: alertado por la desaparición de su inquilino, el casero de uno de los departamentos del número 102, en la calle de Monrovia (de la colonia Portales), llama a la policía, sin imaginar el misterio que se esconde ahí dentro.

En la que alguna vez fue la casa del doctor Gabriel Sarcise se encuentra un libro, el Tratado de las espirales de la mente, un extraño volumen de relatos (¿o crónicas?) que nunca terminan bien y poco a poco se han ido convirtiendo en realidad.

Sin duda, nadie quiere formar parte de este catálogo de personajes a los que les cuesta trabajo distinguir entre lucidez y vigilia, entre los que están: una mujer que termina en el hospital para que le extirpen un sueño atorado; un viejo impotente de ochenta y tantos años que cada noche, en sus sueños, le es infiel a su mujer; una pareja de cadáveres que, durante la noche, escapa del subsuelo para desgarrar sus cuerpos; un hombre que, para ahorrarse dinero, visita al psicoanalista mientras duerme, intentando controlar hasta el más mínimo detalle.

Víctor Roberto Carrancá nació en la Ciudad de México en 1984. Estudió Derecho, es egresado de la Escuela de Escritores de la SOGEM y tiene una maestría en Lenguas Iberoamericanas. Su primer libro, El espejo del solitario, fue editado por Ficticia.