Teatro: el absurdo de la conspiración

George Kaplan puede ser un mito, un virus, un terrorista o un arma letal. George Kaplan puede ser una ficción o una herramienta de control para un gobierno invisible. George Kaplan podemos ser todos o puede ser tan sólo un personaje fantasma, como aquel que aparece en la película North by Northwest, de Alfred Hitchcock.

Las teorías conspirativas más descabelladas —y también las menos irreales— tienen lugar en esta puesta en escena escrita por el francés Frédéric Sonntag que se presenta en la ciudad gracias a Dramafest, bajo la dirección de Raquel Araujo.

Cinco activistas enmascarados leen una declaración a una cámara. Lo que empieza en un tono serio muy pronto se convierte en un chiste: activistas que dicen y se desdicen, que hacen votaciones sin sentido y hablan de un ‘algo’ abstracto e incomprensible. Los rebeldes se transforman en un grupo de guionistas del más alto estilo hollywoodense y, después, en una cúpula de poder que parece dominar el mundo. Y en todo este intrincado, ¿quién es George Kaplan? La respuesta es incógnita, pero en este caso, es el hilo conductor de estas tres historias en las que actúan Roldán Ramírez, Verónica Bravo, Richard Viqueira, Francisco Barreiro y Cecilia Ramírez Romo.

“Después de la muerte de Dios, la teoría conspirativa se convirtió en la única forma en que sobrevive la metafísica tradicional en tanto que discurso sobre lo oculto y lo invisible. Donde alguna vez tuvimos a la naturaleza y a Dios, ahora tenemos diseño y teoría conspirativa”, escribe Boris Groys en uno de sus ensayos de Going Public. Y este montaje, a la forma de un 1984 escrito para el siglo XXI, nos habla de esto: ¿De qué forma la ficción construye hoy nuestras ideologías y el mundo contemporáneo? Un ritmo más ágil y escenas menos tropezadas harían que este montaje tuviera toda la fuerza de las premisas propuestas en la dramaturgia.

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