Anatomía de un buen susto

Puedes morirte de un susto. Arte. Alberto Montt
Puedes morirte de un susto. Arte. Alberto Montt

Especialistas explican qué ocurre exactamente en el cuerpo cuando te asustas y si de verdad te puedes morir de la impresión.

ARTE: ALBERTO MONTT

Su piel se erizó y los latidos de su corazón se aceleraron. Su cuerpo tembló y su vista se hizo borrosa. También sintió que un sudor frío le escurría por la espalda y el cuello. Segundos después…  vino el desmayo.

Hace dos años Laura Cardoso perdió el conocimiento por un susto. Semanas antes del incidente había sido asaltada cerca de su casa y ese día, como de costumbre, caminaba hacia el mismo lugar alrededor de las 22 horas en una zona poco transitada.

Laura recuerda que un par de personas caminaban detrás de ella y los nervios la invadieron de inmediato, no sabía si dejarlos pasar, así que sólo siguió caminando mientras el miedo de que se repitiera un nuevo asalto se apoderaba de ella.

Miró sobre su hombro y las personas estaban más cerca, una de ellas habló con fuerza y eso la pasmó. La otra persona soltó una carcajada y ella tuvo una sensación de ahogo, se hincó en el piso y, aunque las dos personas trataron de auxiliarla, al verlas de frente, Laura se desmayó.

Lo que Laura experimentó fue una crisis de angustia o un ataque de pánico, es decir, a lo que los especialistas llaman a una sorpresa o un susto inesperado.

Este suceso activa en el cuerpo mecanismos de la amígdala cerebral y promueve la liberación de sustancias químicas que influyen en la manera en la que reaccionamos a un imprevisto.

Alejandro Córdoba, responsable del área de Salud Mental de la Secretaría de Salud de la ciudad, explica que una vez que se ha llegado al punto más alto de angustia o pánico, las sustancias segregadas estimulan áreas de la zona frontal del cerebro que pueden provocar tres sensaciones: defensa, huida o parálisis.

“También se involucran respuestas hormonales porque se secreta cortisol, adrenalina y serotonina. Estas sustancias tienen un efecto en los sistemas cardiovascular, respiratorio, muscular y gastrointestinal, por eso una reacción de ataque de pánico incluye taquicardia, palpitaciones, sudoración, temblor, sensación de que alguien vigila, mareos y náuseas”, dice.

¿Me voy a morir de un susto?

Para médicos y especialistas en salud mental existen mitos alrededor de recibir un buen susto o vivir una situación de sorpresa; desarrollar padecimientos y enfermedades de la nada es uno de ellos.

“Existen historias que dicen que al recibir un imprevisto se puede desarrollar hipertensión o diabetes, pero eso es falso. No es algo que ocurra de la nada, posiblemente la sorpresa sea un factor de aceleración, es decir, la persona de todas maneras iba a tener la enfermedad, sólo se precipitó”, explica Alejandro Córdoba.

Sin embargo, una situación de angustia o pánico extremo sí puede tener consecuencias graves como desmayos, paro cardiaco o, incluso, la muerte.

El responsable del área de Salud Mental de la capital explica que un fallecimiento puede darse como reacción directa al presentar un problema en el corazón— conocido como efecto Baskerville—  o como hecho secundario, por ejemplo, al tener un golpe en la cabeza tras un desmayo o si la crisis ocurre en vía pública, la sensación de huida puede provocar un atropellamiento.

“Cada persona es diferente, hay unos que tienen reacciones de ansiedad menos intensas, pero otros son tan susceptibles que en casos extremos pueden presentar convulsiones e incluso morir de un susto”, dice.

Para el especialista, remedios como “curarse de espanto” se asocian a cuestiones culturales, pues en la mayoría de los casos cuando se acaba el factor de ansiedad se acaba el miedo y si se extiende por más tiempo es porque responde a algún trastorno que debe tratarse de manera psiquiátrica.

Una limpia para el mal de espanto

Felipe, de 82 años de edad, asegura que cuando era joven un susto casi le quita la vida. Caminaba por una vereda entre las milpas para regresar a su casa, en un pueblo lejano en Guerrero.

Según Felipe, una bola de fuego danzaba encima del maíz sin tocarlo y, al acercarse, el fuego desapareció. Segundos después reapareció y se abalanzó hacia él.

“Llegué a la casa muy mal, sin fuerza, me faltaba el aire, me agarró un temblor y un frío que calaba. Le platiqué a mis tías y me dijeron que esa luz eran brujas. Me vieron amarillo, con los ojos apagados. Bebí unas infusiones, rezaron a mi lado y yo dormí. Ya en la mañana supe que había sido un mal de espanto, que estaban pisando mi sombra”, cuenta.

Rafaela es curandera y afirma que el espanto puede ser causado por “criaturas”, muertos, animales, por un ahogamiento o caída, y por impactos emocionales.

“En un espanto se da un levantamiento de sombra, una parte del alma se sale del cuerpo de quien recibió la impresión y por eso se siente enfermo, apagado, desganado y entonces hay que curar”, sostiene.

La curación necesita flores, aceites e infusiones, explica Rafaela. La valeriana, la ruda y el epazote son hierbas que se utilizan con líquidos preparados con alcohol para bañar el cuerpo. Finalmente, una limpia con huevo y oraciones  bastan para extraer lo malo y regresar el alma al cuerpo.

En cifras:

  • 3 hormonas secreta el cuerpo cuando te asustas: cortisol, serotonina y adrenalina.
  • 3 sensaciones se activan en tu cuerpo cuando te asustas: de defensa, huida o parálisis.
  • 2001 fue el año en el que se nombró efecto Baskerville al hecho de “morir de miedo”.