Construyendo sobre el pasado

Construcciones emblemáticas ceden espacio a nuevos desarrollos
Construcciones emblemáticas ceden espacio a nuevos desarrollos

Edificios emblemáticos desaparecen para dar paso a nuevas construcciones, algo que cambia el rostro de la ciudad a costa de la historia.

ARTE: RAQUEL ARIZPE

La Ciudad de México está cambiando de rostro a diario. Algunos edificios emblemáticos han desaparecido o están en proceso de hacerlo, principalmente por el valor de sus terrenos, por daños estructurales o falta de mantenimiento.

Espacios culturales, deportivos y casonas cedieron su lugar a modernas torres, que los reemplazaron desde los cimientos.

Los anuncios más recientes son la desaparición de los edificios que componen la llamada Esquina de la Información, en Bucareli y Paseo de la Reforma, y el Estadio Azul, en Ciudad de los Deportes.

En Bucareli, donde se encontraba la redacción del periódico Excélsior, se construirá un complejo de usos mixtos con 60 pisos de altura para oficinas, viviendas, comercios y un hotel de lujo, aunque se conservarán las fachadas históricas de acuerdo con el Proyecto Reforma 10, de la desarrolladora JLL.

El futuro del Estadio Azul se encuentra en vilo, pues podría ser demolido si el equipo Cruz Azul y los dueños del lugar no llegan a un acuerdo de arrendamiento.

El estadio tiene un terreno de 15 mil metros cuadrados que, por su ubicación, está valuado en más de 270 millones de dólares.

Parece un proceso reciente, sin embargo, el urbanista Rodolfo Huerta explica que el panorama arquitectónico de la capital empezó a cambiar con el sismo de 1985, pues mientras unos edificios se derrumbaron, otros quedaron dañados, sin dinero para su reparación y en el abandono. Años después fueron adquiridos e intervenidos por inmobiliarias o el gobierno.

“Sin embargo, la falta de atención de algunas autoridades y la corrupción han hecho que incluso lugares protegidos resulten dañados o demolidos por la voracidad inmobiliaria. En los últimos 30 años el panorama visual se ha modificado y todo pinta para que más construcciones desaparezcan”, dice Huerta.

Una película repetida

En el año 2000 se bateó por última vez una bola en el Parque de Beisbol del Seguro Social que había ocupado un terreno grande en la colonia Narvarte, al sur de la ciudad.

Fue considerado el recinto nacional más importante para ese deporte, pues en él se disputaron juegos internacionales.

Sin embargo, los dueños de los equipos locales de aquel entonces, Diablos y Tigres, no pudieron pagar los 169 millones que costaban los terrenos.

Tras 45 años de vida, el parque del Seguro Social desapareció y en su lugar se construyó el centro comercial Parque Delta. Años más tarde, el terreno fue insuficiente y la plaza necesitó de una ampliación.

Para satisfacer sus necesidades de estacionamiento, y a pesar de la resistencia vecinal, la constructora Grupo Danhos demolió un edificio conocido como La Octava,  que albergaba la Octava Delegación de Policía y que fue construida en 1943, pese a que el inmueble estaba protegido por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), por su arquitectura relevante.

En su lugar, se construyeron agencias del Ministerio Público, así como oficinas gubernamentales y varios lugares de estacionamiento que sirven al centro comercial.

Pero no es el único caso. Otros espacios fueron cediendo su lugar a nuevas y modernas construcciones. Donde estaba el cine París, en la glorieta de Colón, en Paseo de la Reforma, ahora se construyen viviendas de lujo. El cine Álamos, a un costado del Metro Viaducto y que fue inaugurado en 1947 en calzada de Tlalpan, hoy es una tienda departamental.

El cine Manacar, en la zona de Mixcoac, vivió una historia similar: fue demolido y será sustituido por una torre de 29 pisos con oficinas, tiendas y restaurantes, que estará lista en 2017.

Algo similar ocurrió con el cine Roble, en Paseo de la Reforma 133, que se encontraba donde hoy está el Senado de la República, y donde brillaba la marquesina del cine Latino, hoy ya se levanta un nuevo edificio.

El fenómeno no es exclusivo de las delegaciones centrales de la capital. En Gustavo A. Madero, el cine Lindavista funcionó hasta 1990 y posteriormente fue comprado por el gobierno de la ciudad para una remodelación que fracasó. En 2002, el papa Juan Pablo II bendijo el edificio que albergaría una iglesia para San Juan Diego, que a la fecha sigue inconclusa.

Rescates controvertidos

De acuerdo con Huerta, algunas construcciones desaparecen aunque no sean demolidas, ya que pierden su esencia en medio de procesos de rescate por parte de autoridades e inmobiliarias particulares.

Un ejemplo de ello es el cine Teresa que fue diseñado por Francisco Serrano y sigue siendo una joya arquitectónica.

Pero ganó mala fama por la exhibición de películas para adultos y tras quejas de prostitución en su interior fue modificado y convertido en una plaza, donde se venden celulares y sólo quedan dos salas donde se proyecta el archivo de la Cineteca Nacional.

“El problema de algunos rescates es que, aunque se abren de nuevo los recintos, en ocasiones no se les dignifica, no se les reconoce su valor histórico y entonces la gente pasa sin ver, sin saber la importancia de ciertos lugares”, dice Huerta.

En cifras:

  • 1985 fue el año en el que la configuración urbana  de la ciudad empezó a cambiar.
  • 15 cines emblemáticos desaparecieron de la Ciudad de México en los últimos años.
  • 490 años tiene el Palacio Nacional, una de las construcciones más antiguas de la ciudad.
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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.