Decidir cuándo morir

Tras la aprobación del derecho a la eutanasia o muerte digna, especialistas médicos temen que sea mal aplicada. Arte, Michel Laris.
Tras la aprobación del derecho a la eutanasia o muerte digna, especialistas médicos temen que sea mal aplicada. Arte, Michel Laris.

La Asamblea Constituyente de la CDMX aprobó el derecho a la eutanasia, pero especialistas médicos temen que sea mal aplicado.

ARTE: MICHEL LARIS

Areli fue diagnosticada con un cáncer pulmonar incurable. La enfermedad afectó su capacidad para respirar y moverse durante varios meses. En un momento de tensión, cuenta su hijo, ella estaba decidida a dejarse morir, habló con los médicos y le dieron una alternativa: suministrarle algunos medicamentos, colocarse parches para disminuir el dolor y descansar en casa. Areli aceptó y pasó un mes más acompañada de su familia.

“Si hubiera habido manera, mi mamá habría pedido ayuda para morir. Los dolores la desgastaron mucho, había días en los que sólo estaba acostada y ni siquiera quería abrir los ojos o pronunciar algún sonido. Con los medicamentos falleció tranquila, con los malestares controlados”, dice Ricardo Almazán, hijo de Areli.

Según datos de Human Rights Watch, en México cada año mueren más de 600 mil personas y en más de la mitad de los casos pudieron haber recibido cuidados paliativos para aminorar el dolor de algún padecimiento, sin embargo, nunca lo hicieron.

En la Ciudad de México, la Asamblea Constituyente, encargada de redactar la primera Constitución de la capital, aprobó con 56 votos a favor el derecho a la muerte digna, y aunque está vinculado con la posibilidad de elegir el momento en el que se desea terminar con la vida (es decir, la eutanasia), también contempla otros aspectos como son: el acceso a tratamientos de salud adecuados, diagnósticos oportunos, cuidados paliativos y voluntad anticipada.

En ocho años, ocho mil 171 personas han solicitado por escrito que se les respete su voluntad anticipada, según datos de la Secretaría de Salud capitalina. La mayoría de las personas recurren a los servicios de un notario para realizar el trámite y seis de cada 10 que se suscriben, son mujeres.

Este derecho que se convirtió en ley contempla que, en caso de tener una enfermedad terminal, las personas pueden renunciar a recibir tratamientos que alarguen su vida y, por el contrario, tienen la facultad de acceder a fármacos y opiáceos que les permitan pasar el tiempo necesario sin malestares.

Sin embargo, mientras para algunos sectores el término “muerte digna” ha abierto la puerta a que los pacientes decidan cuándo morir, médicos que conviven con personas con enfermedades en fases terminales consideran que aprobar la eutanasia  puede convertirse en un arma de doble filo.

“Hay pacientes en etapas avanzadas que se sienten solos, descontrolados y en una fase de depresión pueden decir ‘me quiero morir’, pero al momento de sentarnos a platicar con ellos, ninguno lo quería en realidad. En los pacientes terminales, el cuidado al final de la vida es muy complejo y el proceso es una montaña rusa: un día pueden sentirse bien y de repente pueden estar hasta abajo, pueden decir que se quieren morir y eso en manos inexpertas podría ser grave”, explica Bertha Soria Garibay, experta en medicina paliativa del Centro Médico ABC.

Sensibles ante la muerte

Para la familia de Areli, el apoyo médico fue primordial, ya que poder verla en calma los últimos días de su vida les ayudó a procesar la pérdida y a cumplir el deseo de su mamá: no morir en un hospital.

Más allá de las barreras éticas y morales que implica terminar con una vida, médicos paliativistas aseguran que, antes de pensar en la eutanasia, resulta necesario conocer a los pacientes y ofrecerles un acompañamiento que ayude a mitigar síntomas y dolores físicos, emocionales y sociales.

“Lo que se necesita es sensibilizar a los médicos para que no se nos olvide que no nada más es el cuerpo humano, sino que también atendemos la mente y el corazón, y una vez que el paciente esté bien contenido y preparado, entonces lo acompañamos para que la decisión no se tome a la ligera”, dice Soria Garibay.

De igual manera, para especialistas en medicina del dolor como Eduardo Saavedra, también resultará necesario que los propios médicos reciban atención y capacitación integral para saber reaccionar cuando una persona solicita terminar con su vida, toda vez que implica un debate ético.

“Se necesita que no sólo nos hablen de prácticas internacionales o de cómo administrar medicamentos, sino de cómo tratar emocionalmente a un paciente y cómo, siendo médicos que hicimos un juramento para preservar la vida, vamos a enfrentar la disyuntiva de ayudar o no a una persona que se quiere morir”, dice Saavedra, anestesiólogo por la UNAM.

Discusiones pendientes

Al menos en la Constitución de la Ciudad de México, las leyes secundarias serán las que delimiten los casos en los que se podrá acceder a la muerte digna, sin embargo, algunos médicos están aún preocupados sobre cómo se maneja el tema en general.

“Nadie está preparado y difícilmente escuchas a las familias platicando sobre cómo quieren morir”, dice Eduardo Saavedra.
“Cuando responsablemente le dices a un paciente que ya no es curable, nuestra labor no se queda ahí, la idea es comprometerse a acompañar al paciente en todo ese proceso, prepararlo para el desenlace (…) y es que si los pacientes están bien contenidos, no verían e
n la eutanasia una opción”, dice Bertha Soria.

En cifras:

  • 8 mil 171 personas han solicitado la práctica de la voluntad anticipada en la CDMX.
  • 600 mil personas mueren al año en México, más de la mitad necesitaba cuidados paliativos.
  • 56 votos de la Asamblea Constituyente aprobaron el concepto de “muerte digna”.
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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.