Fernando Delgadillo: un cantante informal

Entrevista a Fernando Delgadillo.
Foto: Lulú Urdapilleta

Fernando Delgadillo está de gira. Otra vez. Con un nuevo álbum bajo el brazo y la promesa de nuevas canciones, ¿qué tiene de nuevo que decir el trovador?

 ¿Qué se siente ser tan alto? “A veces me siento solo”.

La entrevista ha terminado. Fernando Delgadillo acaba de levantarse de su silla. Hoy es jueves, día de ensayo en su casa de Naucalpan, en el Estado de México. Cantante informal, como le gusta definirse, guitarrista y dibujante, Fernando sonríe. La soledad puede ser esto: medir más de un metro ochenta y mirar a la mayoría desde las alturas.

Hablar con “Delgado Fernandillo” —como muchos de sus amigos lo llaman con cariño—, es buscar en el mar de sus canciones una versión que pueda definirlo. “Difícil cosa que es hacerte una canción donde poderme apoyar con frases cortas”, canta Delgadillo en “Ay amor”, y ese verso, dice, podría dedicárselo a sí mismo: difícil cosa es hablar con el trovador.

¿Qué hace Fernando Delgadillo cuando no está tocando la guitarra?.”Se lava los dientes”, responde, ligero.

Imposible hablar con él de algo que no sea lo cotidiano, lo informal: “Escribo canciones, a veces las canto. Algunas son de amor y otras, no”. Fernando lo ha hecho por años: labrar en sus canciones la poética del hombre común.

Sesiones acústicas es el disco más reciente de Fernando Delgadillo. Se trata de un álbum que recopila varios de sus éxitos interpretados en vivo. Con el pretexto de promocionarlo, ahora mismo se encuentra dentro de una gira por la ciudad, además de algunos estados de la República. Hoy, 13 de octubre, por ejemplo, tocará en el Teatro Morelos, en Michoacán; mañana se presenta en Texcoco y el 19 regresará a su casa, Naucalpan, para presentarse en el Teatro Bicentenario en un concierto en beneficio de las comunidades indígenas. El 16 de noviembre se presentará en Cocoliche Restobar, en la colonia Juárez.

“Tengo que platicar con la gente de Sony. Continuar con la antología de Sesiones acústicas y comenzar un disco con canciones nuevas. Ya tenemos material”, promete Fernando, quien, a lo largo de su carrera, ha participado en diversos festivales internacionales, tales como el Proyecto Generación Ñ, en España, o el Festival de Televisión en Beijing, China, y otros en Cuba, Puerto Rico, Caracas y Estados Unidos.

A Delgadillo se le ubica, sobre todo, como una de las figuras centrales de la trova mexicana. Pero él ya no se siente tan cómodo con esa definición. Prefiere definirse como un autor de canciones informales: “En eso andamos ahora”.

La ciudad cambia, muta. Aunque a Fernando se le escucha la mayor parte
del tiempo al sur de la ciudad, en las peñas y cantabares donde todo el tiempo suena Silvio Rodríguez o Pablo Milanés y los cantautores locales se apropian del escenario, sus presentaciones en el Parque Naucalli ya son emblemáticas en Naucalpan, al norte de la zona metropolitana. En ese ir y venir, Fernando ha atestiguado la metamorfosis de una metrópoli donde es muy fácil, cualquier día, sentirse un extraño.

“Esta ciudad tiene transformaciones. Cada vez es un sitio diferente, aunque conocido“, comenta con la vaguedad que lo caracteriza.

Autor de éxitos como “Carta a Francia”, “Hoy ten miedo de mí” y “Entre pairos y derivas”, Delgadillo se inspira en temas simples: la fraternidad, la compañía, las ausencias, el amor o el desamor. Temas sencillos, pero que son familiares para todos los que, como la ciudad, cambian, mutan, cada día: “Es como un serie de ventanas, de televisiones encendidas que mandan información a la cabeza y que no podemos dejar pasar”.

La ciudad, ese monstruo. El pasado 17 de junio, Benjamín Delgadillo, su hermano, fue asesinado al norte de la ciudad, sobre Periférico Norte, a la altura de Santa Mónica. Tres vehículos cercaron su auto y lo obligaron a detenerse. Terminó en el hospital, pero las heridas eran severas: murió el pasado 2 de agosto. La ciudad, ese monstruo fantástico, lleno de bemoles, injusticias, violencia.

“Me gusta y me atemoriza. A veces me intriga vivir aquí: en una semana puedo recorrer todos los estados de ánimo —dice—. Pero me parece indispensable la justicia: es necesaria para poder gozar de un entorno donde no se comentan abusos hacia los otros”.

¿Qué hace Fernando Delgadillo cuando no toca la guitarra? “Se lava los dientes —responde, ligero—. Y a veces va al gimnasio… ahora estoy un poco gordo”.

Pero a Fernando no solo le gusta tocar su guitarra y cantar. También es dibujante. Se define como un artista en constante transformación: “Me interesa la comunicación. En las letras, en las lecturas, en las artes, existen guiños de complicidad”. Quizás ese sea el secreto de Fernando, además de su constancia: retratar al hombre común, informal, le permite conectarse con un público secreto. Sin pretensiones de grandeza, apartado de la moda y las tendencias mercantiles, la labor de Delgadillo parece ser la de un hombre alto, larguirucho y solitario, un hombre común y corriente que, desde hace casi tres décadas, canta, sobre todo, para hacer amigos.

En cifras

2016 es el año en que lanza su más reciente disco Sensaciones acústicas.

30 años se ha dedicado a la interpretación y composición de sus canciones.

15 álbumes ha grabado a lo largo de sus tres décadas de trayectoria.

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Artículo anteriorEdición impresa; 13/10/2017