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11/04/2021
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Los paraderos olvidados

Paraderos de transporte olvidados. Arte por Michel Laris

Sólo seis de los 41 paraderos de transporte que hay en la CDMX están rehabilitados, el resto está deteriorado e invadido por ambulantes.

ARTE: MICHEL LARIS

De los 41 Centros de Transferencia Modal (Cetram) —paraderos de transporte— que hay en la Ciudad de México sólo seis han sido renovados —la mayoría con inversión privada—, mientras que el resto se encuentra descuidado.

Desde hace 15 años, las autoridades de la ciudad han buscado mejorar la imagen de los paraderos de transporte público, cuyas principales problemáticas son el desorden vehicular, la inseguridad y el ambulantaje.

Sin embargo, en muy pocos se ha logrado revertir dichas problemáticas, pues 35 de los Cetram aún padecen, en diferentes medidas, el abandono de las autoridades.

De las seis rehabilitaciones en los últimos años, sólo dos se hicieron con fondos públicos: en el Cetram de Tepalcates y en el de Periférico Oriente.

En esos paraderos incluso se construyeron plazas comerciales, donde se reubicó a los comerciantes informales que antes se encontraban en las bahías de transporte.

Mientras que en los de El Rosario, Tláhuac, Zapata y Chapultepec —aún en renovación—, donde se invirtió dinero privado, las mejoras son más evidentes, pues además de plazas comerciales, se reordenó el transporte y hay seguridad para caminar.

¿Paraderos privados?

El primero de los Cetram donde se utilizó inversión privada para rehabilitarlo es el que se encuentra en el Metro Zapata, durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador y tuvo un costo de 150 millones de pesos. El complejo esté diseñado para 183 locales comerciales y cinco bahías con capacidad para 242 autobuses.

Pero en la administración actual, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, publicó una declaratoria de necesidad que abrió la puerta para que la iniciativa privada invirtiera en los paraderos a cambio de una contraprestación, a través de la paraestatal Calidad de Vida y Progreso.

Uno de los primeros fue el paradero de El Rosario, en Azcapotzalco, donde Grupo Carso invirtió 425 millones de pesos para construir una plaza comercial de dos niveles a cambio de un título de concesión del lugar y sus espacios comerciales durante 30 años. Esta renovación fue un ejemplo de lo que se podía hacer con este modelo.

En contraste, la renovación del Cetram Chapultepec ha causado varias críticas, pues aunque el paradero estaba invadido por el comercio ambulante, su alternativa con inversión privada fue la construcción de una zona comercial y un edificio de 49 pisos que podrá explotar durante 40 años.

La empresa que realiza las obras es Inveravente, que además de la construcción, deberá pagar a la ciudad 7.8% de las ganancias que genere el paradero y la zona comercial. Este acuerdo ha generado la inconformidad vecinal por considerar que habrá más consecuencias que beneficios por la explotación del terreno.

Al respecto, el Instituto de Políticas para el Transporte y Desarrollo (ITDP) señala en su estudio “Megacentralidades. Propuesta de integración de los Cetram al desarrollo urbano de la Ciudad de México que el esquema público-privado” que centrar los proyectos en ámbitos comerciales son medidas a medias, pues aunque mejoran las condiciones de infraestructura, se evita la integración del espacio con el entorno.

Los olvidados

En mayo pasado el secretario de Movilidad, Héctor Serrano, dijo durante un encuentro público que aunque no había presupuesto para “remozar ni embellecer” los Cetram de la capital, se buscarían alternativas para hacerlos funcionales.

Así, la Secretaría de Movilidad (Semovi), el Instituto de Verificación Administrativa (Invea), la Secretaría de Finanzas y la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) han intentado liberar espacios tomados en los Cetram por comerciantes ambulantes, verificar que los choferes de transporte cuenten con permisos y que las unidades estén en condiciones aceptables.

Sin embargo, en recorridos realizados por Máspormás se encontró que en Cetram como Indios Verdes, La Raza y Observatorio, los puestos ambulantes que habían sido retirados regresaron a su zona de trabajo. Láminas, tubos y lonas siguen invadiendo parte de las salidas del Metro y los puestos informales impiden el paso.

En Tacubaya, Zaragoza y Pantitlán la imagen empeoró, ya que las banquetas se encuentran invadidas por comerciantes y, para acceder a los autobuses, los peatones deben avanzar sobre el arrollo vehicular.

Además de los mencionados, existen otros paraderos que no cuentan con infraestructura en buen estado como el Cetram Moctezuma, el de Puerto Aéreo y San Antonio Abad. En estos lugares, los autobuses y microbuses hacen base en los camellones, debajo de puentes vehiculares y en calles secundarias.

A pesar de las alternativas para mejorar las condiciones, las verificaciones tampoco han logrado inhibir algunas conductas de los choferes, pues al salir de los Cetram conducen con puertas abiertas, corren en calles y avenidas,  arrancan aún cuando el usuario no ha subido o bajado de la unidad, se acompañan de ayudantes y mantienen música e iluminación neón.

En cifras:

  • 41 Centros de Transferencia Modal de transporte hay en la Ciudad de México.
  • 3,649 millones de pesos costará el Cetram Chapultepec a la empresa Inveravente.
  • 5,600 comerciantes ambulantes hay en los Cetram, según datos de la Secretaría de Movilidad.
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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.