La casa chilanga de la taxidermia

Cuando tocas el timbre y Salvador abre la puerta, lo primero que ves es un adorable bull dog a un costado del umbral. Tu reacción es saludarlo, acariciarlo, dejar que te huela y quizá te dé un lengüetazo en la nariz. Pero justo cuando estás a punto de agacharte y empezar a decir cursilerías, te das cuenta de que el perrito no se mueve. Oh, oh. Una vez dentro, notas que no está solo, hay otros animalitos que tampoco se mueven y que llenan el lugar: venados, cabritos, cacomixtles, peces y hasta una jirafa y una cebra, entre otros animales disecados.

Salvador Medrano tiene 27 años y, además de paramédico, es taxidermista. Aprendió el oficio de su padre, quien fundó este taller. Además de la estafeta familiar, ha tomado cursos en Estados Unidos para afinar sus conocimientos y talentos en el oficio, para el cual se requiere saber de todo un poco, desde química y veterinaria hasta pintura y escultura.

Dice Salvador que los animales más difíciles de disecar son las mascotas. La taxidermia es el arte de disecar animales para conservarlos con una apariencia como si estuvieran vivos, cuando un dueño quiere inmortalizar a su compañero peludo, difícilmente “reconoce” a la versión inerte, porque no tiene la misma “expresión”.

Las cebras también son un reto, porque cada una de las rayitas tiene que quedar pareja. Cada animal requiere semanas o hasta meses de trabajo, y eso se nota en el resultado. “Acá trabajamos calidad, no cantidad”, dice Salvador, quien aclara que en otros talleres disecan animales en serie y quedan bien chafas, como de meme de internet.

Las piezas de Salvador están en colecciones particulares y en museos, como en el de Historia Natural de Chapultepec. Además de disecar animales desde cero, le da mantenimiento a las piezas que quedaron arrumbadas o que alguien consiguió en un mercado de pulgas.

Este estudio de taxidermia está en Mar del Norte 9, muy cerca de metro Tacuba. Si requieres de sus servicios puedes hacer una cita, marca al 53996602.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.