Nopal de exportación

En Xochimilco, una cooperativa familiar abrió este mes una granja que deshidrata alimentos con energía solar. Su meta es crecer para que los productos del campo capitalino sean conocidos en el mundo.

FOTOS: GUILLERMO GELAMAKA

Mangos, peras, ajos, hierbas, setas y nopales cosechados y deshidratados en la Ciudad de México han llegado a Francia y Alemania, donde son preparados en hogares, ofrecidos en restaurantes y hoteles de lujo e incluso promocionados en anuncios de televisión.

Se trata de los productos que comercializa la primera granja deshidratadora solar del país, que empezó a funcionar en la capital el pasado 8 de agosto, como la más reciente apuesta de una cooperativa familiar fundada en la delegación Tláhuac hace nueve años.

La cooperativa, llamada Labizet, fue creada por los hermanos Omar y Roberto Alcaraz Rodríguez, quienes aseguran que lo que los motivó a organizarse fue el deseo de autosustentarse, beneficiar a su comunidad y ayudar a cambiar hábitos alimenticios en los que prevalece el consumo de azúcares y harinas.

Tras su fundación, agruparon a agricultores de otras delegaciones con áreas rurales —Xochimilco, Tlalpan y Cuajimalpa—, comenzaron a crecer y, hace cinco años, incluso consiguieron empezar a exportar en pequeña escala.

Pero hace algunos meses, según cuentan, encontraron la oportunidad de expandir más sus horizontes y se propusieron iniciar la construcción de una planta. Para lograrlo, obtuvieron apoyo económico de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación (Seciti), que consideró novedoso el método de deshidratar alimentos por medio de la energía solar.

“Al ser un proceso natural, todas las propiedades del fruto se conservan, incluso el sabor y dulzor. Además, estamos evitando que se lancen a la atmósfera seis toneladas de dióxido de carbono, se ahorra agua y se utilizan desinfectantes producidos con cítricos”, dice Roberto mientras da un recorrido por las instalaciones.

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Con ayuda del sol

La granja deshidratadora se encuentra en Xochimilco. Según sus fundadores, tiene capacidad para generar dos toneladas de producto seco al mes, a partir de cinco toneladas de cosecha fresca.

El proceso de producción es el siguiente: los alimentos son colocados en 100 secadores expuestos al sol, donde la energía solar se transforma en energía térmica, el espacio alcanza una temperatura de 45 grados y, al cabo de tres días, concluye la deshidratación; posteriormente, las frutas y verduras son llevadas a otra zona, donde se decide si serán pulverizadas o empaquetadas enteras, así como los tamaños y las presentaciones para el consumidor.

De todo este camino, afirma Omar, solamente 10% requiere energía eléctrica. Las tareas para las que se le utiliza son refrigeración, lavado a gran escala, rebanado y embalaje. De acuerdo con miembros de la cooperativa, los precios del producto oscilan entre los cinco y los 30 pesos.

Para la construcción de la planta, la Seciti invirtió alrededor de 15 millones de pesos y con ello busca apoyar a los agricultores a bajar los costos de producción, eliminar pérdidas por pagos a intermediarios y crear nichos de mercado, dice Mauricio León, director de Innovación Tecnológica de la dependencia capitalina.

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Las propiedades del nopal

La idea de exportar a mayor escala y de abrir la planta, de acuerdo con los hermanos Alcaraz, surgió gracias a una amiga suya que vive en Alemania.

Hace tiempo, ella les comentó que la salud de su papá se había deteriorado y ellos le recomendaron que comiera nopal. Siguió el consejo y, aseguran, esto ayudó al hombre a bajar sus niveles de azúcar y colesterol e, incluso, a evitar una cirugía.

La familia del enfermo quedó tan sorprendida que empezó a importar nopal deshidratado desde México, con la finalidad de venderlo en Alemania como un producto con altas cualidades curativas, y así se le presenta en comerciales de televisión.

De este lado del Atlántico, el modelo de negocio de Labizet contempla que la planta pueda llegar a acuerdos con los productores. Con esto, ambas partes establecen un precio que consideran justo y que no varía con la temporada.

Los hermanos Alcaraz aseguran que esto permite que, cuando los precios del mercado sean bajos, los campesinos no pierdan porque seguirán recibiendo el mismo dinero. Por el contrario, cuando los precios suban, quien absorberá esa ganancia será la granja.

“Es un trabajo que ya hacemos en Tláhuac. Ahorita contamos con 15 productores locales que nos surten. A cambio, además de la paga, los capacitamos para mejorar las condiciones de cosecha, traslados y, sobre todo, la sanidad. Entonces, así vamos formando un grupo sólido que va a crecer con la granja en Xochimilco”, dice Omar.

“[Nuestro trabajo] dota de un valor agregado a las cosechas, se evitan pérdidas por sobreproducción y los cultivos mexicanos se dan a conocer ante el mundo”, agrega.

Cooperativas de este tipo buscan constituirse como una importante fuente de ingresos para sus miembros, así como en alternativas de desarrollo para las área rurales de la Ciudad de México.

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En cifras

  • delegaciones tienen productores en colaboración con la granja deshidratadora.
  • años tiene trabajando la cooperativa Labizet, que comenzó en Tláhuac.
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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.