A 2 de 3 caídas fuera del ring

Octagón y sus nuevas luchas

Entre los planes del ídolo de la lucha libre Octagón, está apoyar nuevos talentos e incursionar en el negocio de la gastronomía

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

Dos jóvenes y corpulentos gladiadores perfeccionan sus métodos de lucha libre en el cuadrilátero de un gimnasio ubicado al sur de la CDMX. A lo lejos, una voz ronca, de esas que apantallan, grita: “¡Dejen de jugar y luchen!”. Es Octagón, quien, con palabras precisas y directas, les enseña las mejores técnicas a la hora de echar “guamazos”. Pues si alguien puede alzar la voz para corregir y dirigir los movimientos, es este mítico enmascarado con 35 años de trayectoria en el mundo de las luchas y las arenas.

De la nada, esta leyenda de la AAA echa una sonrisa y comparte uno de sus recuerdos más preciados de su infancia: “De niño admiraba al señor (Perro) Aguayo. Tuve la fortuna de verlo luchar. Después, cuando empecé a entrenar, compartimos el ring. Algunas veces como compañeros y otras como contrarios. Y eso es parte de los privilegios que te da la lucha libre: tener tan cerca a la gente que admiras”.

Sin embargo, antes de saber que tendría una prometedora carrera como luchador, Octagón estudiaba Derecho en su natal Veracruz, pero no terminó la carrera porque lo que verdaderamente le apasionaba eran las artes marciales, tanto, que obtuvo cinturón negro en karate shotokan. Fue entonces cuando decidió impartir clases en el patio de la casa de su mamá: “A pesar de que el sitio era pequeño, tenía lo necesario: la makiwara —un poste semirígido— y dos o tres cosas más, porque para enseñar no se necesita mucho”, platica mientras observa a sus pupilos arriba del ring.

Enfundado en una elegante bata japonesa, la cual combina con su pantalón y sus zapatos negros, Octagón recuerda que a la par de que aleccionaba a los chicos de su barrio, también aprendía lucha libre. Su maestro era Raúl Reyes, un emblemático exluchador, quien al ver su incipiente talento, no dudó en traerlo a la CDMX para convertirlo en profesional.

Nace una leyenda

“Me convenció para combinar ambas disciplinas. Debuté el 30 de abril de 1982 con el nombre de Dragón Dorado. A la semana, mi maestro me lo cambió y me puso Amenaza Elegante. En ese entonces subía al cuadrilátero con smoking, bombín y bastón”, recuerda, mientras sonríe como si le diera gracia evocar la imagen.

Pero ¿de dónde salió el tan peleado y afamado nombre de Octagón? “Vi una película que se llamaba The Octagon, donde Chuck Norris caminaba por un puente colgante. En ese momento dije: ‘Yo voy a hacer eso, pero arriba del ring’. Y así fue como nació mi nombre”. La palabra Octagón sepultó por completo su nombre original, que por cierto, prefiere mantener en misterio, como lo hace con su rostro, que vive tapado por su icónica máscara plateada con rojo.    Gracias al cambio de nombre, el veterano empezó a tener notoriedad en el mundo de las luchas y logró hacer mancuerna con otros grandes de la época como Atlantis y Máscara Sagrada, equipo que llevó el mote de “Los estrellas de cine”, haciendo referencia a las importantes películas que protagonizaron como La fuerza bruta (1991) y Lucha a muerte (1992).

Nuevas quebradoras del destino

Como buen gladiador, Octagón no baja la guardia y tiene muchos planes en mente. Uno de ellos es formar un sindicato para que los luchadores se sientan respaldados. “Con esta iniciativa busco ayudar a mis compañeros, cambiando las condiciones económicas en las que se encuentran. Muchos mueren desamparados. Un ejemplo de ello es el Hijo del Perro Aguayo, quien falleció en una situación muy difícil”, comenta sin abundar en el tema. Además de este proyecto y de realizar presentaciones por varias partes de la República, Octagón impulsa a nuevas promesas de la lucha libre con su promotora independiente. Una de ellas es el Hijo de Octagón, quien dice sentir una gran responsabilidad al ser el heredero de una de las figuras más grandes de la lucha, pero también señala que cuenta con todo para no defraudar al público.

Llevándose las manos al pecho, nuestro gladiador cuenta por qué la versión mexicana de esta disciplina es reconocida a nivel mundial: “En el mundo no hay una lucha libre como la que se practica en la capital. Muchos extranjeros vienen, aprenden y se van a sus países a triunfar”. De ahí su interés por preservar este estilo.

A sus 56 años de vida, Octagón dice sentirse pleno y listo para su siguiente combate, pero esta vez, desde la cocina, pues abrió un restaurante de comida japonesa que lleva por nombre Octasushi. “Con este giro deseo regresarle al público lo mucho que me ha dado. Quiero transportarlos al ambiente que se vive en las grandes arenas. Cada una de las mesas tiene el nombre de un luchador, las paredes están decoradas con máscaras y fotografías de los clásicos combates noventeros”, platica entusiasmado por su proyecto gastronómico.

Pero hay algo que esta leyenda no puede esconder. Ni con su voz firme, ni con su máscara. Se trata de su pasión más genuina, pues para dar por terminada la entrevista y continuar con su entrenamiento, lanza una frase digna de un epitafio: “Si tuviera la oportunidad de volver a nacer, volvería a ser luchador”.

En cifras: 

  • 1982 fue el año en el que Octagón debutó como luchador profesional.
  • 35 años de trayectoria en la lucha libre cumple Octagón en el 2017.
  • 5 máscaras y tres cabelleras ganó Octagón a lo largo de su carrera.

 

Compartir
Artículo anteriorNueva imagen, convocatorias abiertas y nuevas categorías
Periodista en formación, egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo, de la FES Aragón (UNAM). Amante de la buena música, el cine y el café.